Reportaje | b. d.
El renacer de la naturaleza
Una planta endémica del norte de Palencia podría contar con una reserva de 200 hectáreas, según el proyecto Flora Protegida de la Universidad de León
n Resistente a las condiciones climáticas, pero extremadamente sensible a la alteración de su hábitat. Para sobrevivir necesita humedad, altitud, bajas temperaturas, lugares escarpados y zonas poco umbrías, una especie de clausura al aire libre. Consciente de sus limitaciones, la planta Echium Cantabricum, un endemismo del norte de Palencia, huye también del tránsito del ganado vacuno por la voracidad de estos animales. Descubiertos los peligros que la acechan, una Microrreserva de Flora en la Montaña Palentina aparece como su tabla de salvación. Fueron las investigaciones del botánico jesuita, Manuel Láinz, una autoridad en flora, y el biólogo Francisco Javier Fernández Casas quienes describieron esta joya de la naturaleza en la pasada década de los setenta. Más de treinta años después, vuelve a la actualidad esta singular planta incluida en el género Echium Italicum, perteneciente a la familia de las boragináceas. La Vivorera azul de Piedrasluengas, como se conoce en castellano a este tesoro natural, parece que se recupera a la luz de los últimos datos aportados por el Grupo de Estudios de la Montaña Palentina (Gempa) y corroborados por el departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental de la Universidad de León que coordina el proyecto Flora Protegida y Microrreservas de Castilla y León y que dirige el profesor Emilio Manuel Puente García. Según Toño Gopegui, miembro de Gempa, en este momento, y de acuerdo a los trabajos de campo llevados a cabo por la asociación, el número aproximado de ejemplares de la Vivorera puede rondar las 3.000 unidades. Una población ahora distribuida en varias poblaciones cántabras y palentinas. Gopegui reconoce que el censo de la Echium Cantabricum en la actualidad está mantenido, pero que podría disminuir su tamaño, dependiendo de algunas circunstancias, sobre todo, por el herviborismo de algunos animales. La observación del comportamiento del vegetal lleva a concluir, apunta Tino García, otro integrante del Grupo de Estudios de la Montaña Palentina, que el desarrollo de la especie alpina tendrá mucho que ver con «una baja presión ganadera y la ausencia de incendios». Termómetro para el cambio climático. Conscientes de los datos que puede aportar esta planta, especialmente, para analizar la evolución del cambio climático, la asociación palentina ha colocado miniaparatos de medición, una especie de pequeñas estaciones meteorológicas, en las inmediaciones del hábitat de la Echium Cantabricum. De este modo, pueden recoger mediciones científicas en aspectos como la temperatura, la humedad y la radiación solar, unos parámetros que pueden complementarse en el futuro con otros sensores, como están ya desarrollando en otras áreas geográficas, que suministran información sobre la velocidad del viento o la pluviometría o las horas innivación.