El tesoro musical de los ochenta
Los leoneses localizan el tesoro musical en un lugar, una canción, a partir de los 80. Como si quisieran confirmar que la libertad va por libre. Sin nostalgias inservibles que valgan (nunca lo hicieron), sin siquiera elevarlos a territorio mítico, sin carácter científico pretencioso de esta encuesta (que no la tiene), y sin menosprecio ni a las anteriores ni posteriores, igualmente valiosas, se antoja que para los lectores de hoy, aunque no sea unívoco, los 80 fueron La Década. Eran los tiempos de una España que producía a Naranjito pero también dejaba espacio para Cessepe o Javier de Juan. Un país en el que había copla y canción ligera a la misma hora de prime time en la que Parálisis Permanente cantaba Quiero ser santa. Pedro Almodóvar irrumpía con neorrealismo posmoderno a la par que la tele única emitía Los gozos y las sombras . La literatura se lavaba la cara, y entre Celas y demás todavía había lugar para agarrarse a Buero Vallejo o Delibes mientras irrumpían con fuerza ahora grandes como el leonés Julio Llamazares. Y lo escrito en papel se mostraba fresco y callejero con artefactos nunca más logrados como El canto de la tripulación. Al comic se le daba carta de acontecimiento cultural. Y otro leonés, Martín, se convertía en gurú del cómic libre y transgresor.