Entrevista | josé luis puerto | escritor y filólogo

«El miedo aún silencia a muchos que conocieron a Miguel Hernández»

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m. a. nepomuceno | león
León

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«Leoneses, navarros, dueños /del hambre, el sudor y el hacha, /reyes de la minería,/ señores de la labranza,/hombres que entre las raíces,/como raíces gallardas,/vais de la vida a la muerte,/ vais de la nada a la nada»

El profundo conocimiento del carácter y el ser de los españoles que Miguel Hernández reflejó en esos hermosos y rudos versos de Vientos del pueblo, tuvo en parte su razón de ser en su activa participación como periodista y soldado en Andalucía y en especial por su colaboración con las Misiones Pedagógicas por tierras de Castilla y León entre febrero y marzo de 1935. El Congreso que sobre el poeta oriolano ha tenido lugar en Burgos, ha revelado numerosas facetas de su vida desconocidas hasta el momento como el itinerario seguido por tierras salmantinas concretamente en cuatro pueblos de la provincia y que dejaron honda huella en sus escritos según puede leerse en varias cartas y periódicos de la época que desveló el profesor, afincado en León, José Luis Puerto, quien durante más de un año, rastreó diferentes lugares por los que pasó Hernández donde encontró a personas que le conocieron y asistieron a esas Misiones, así como los lugares donde daban las charlas o proyectaban las películas.

-¿Qué aporta el hallazgo de esta Misión a la biografía hernandiana?

-Pienso que este hallazgo es de primera importancia para la biografía de Miguel, ya que se tenía una idea muy vaga y equivocada acerca de los lugares donde estuvo. Algunos estudiosos centraban estas misiones en Andalucía al año siguiente debido a que algunas fechas en las cartas a los amigos y a Josefina Manresa estaban equivocadas.

-¿Quién animó a Miguel Hernández a tomar parte en estas misiones?

-Miguel sólo intervino, como él dijo, en una sola misión y fue por tierras salmantinas y no como han dicho sus biógrafos que fue por Andalucía y La Mancha. «He hecho una sola misión y ha sido por tierras, mejor dicho, por piedras salmantinas», escribe Miguel. «Inolvidables para mí los espectáculos de los cuatro pueblos en que estuve y sus gentes de labor... Recuerdo sobre todo una mujer con cara de terreno labrantío... Como el viaje fue por los finales de abril, salí a cuerpo limpio para allá. El frío me cogió, y tuve que pedir auxilio a la capa del alcalde en el primer pueblo, a la del maestro en el segundo, a la de un labrador en el tercero y a la de otro en el cuarto». escribió. Quienes estuvieron con él y le animaron a estas misiones fueron sus amigos Enrique Azcoaga y el historiador José Antonio Maravall, pero también influyeron Raimundo de los Reyes y José Ballester entre otros. Las Misiones Pedagógicas se crearon el 29 de mayo de 1931 para difundir la cultura general y ofrecer una moderna orientación docente que llevara la educación ciudadana a aldeas, villas y lugares, con especial atención a los intereses de la población rural.

-¿Cómo descubrió el itinerario seguido por Hernández y en qué pueblos estuvo?

-Fue labor de hemeroteca. Durante un año y debido a un encargo de Gonzalo Santonja director de este Instituto castellano y Leonés de la Lengua quien me animó a que investigara en esta dirección, me puse manos a la obra y fui encontrando cartas y escritos de Miguel, así como reseñas periodísticas en las que hablaba del año 1935, concretamente, del mes de abril y de su peripecia por el Noroeste donde coincidió, entre otros, con buena parte de los futuros integrantes del equipo de Hora de España, una de las revista más importantes de los años 30, como María Zambrano, Arturo Serrano Plaja, Antonio Sánchez Barbudo, Rafael Dieste o Ramón Gaya. Rastreando por las bibliotecas encontré que Miguel había participado en el que llamaríamos la segunda etapa que comienza en el año 1934 hasta el 36, y está muy poco documentada. De ahí el confusionismo en las fechas y lugares. Buscando en esas hemerotecas encontré que Miguel estuvo en cuatro pueblos, Iruelos, Ahigal de Villarino, Brincones y Puertas, acompañado por Azcoaga y Maravall.

-¿Encontró allí a personas que recuerdan esta visita?

-Con cada una de estas misiones solía ir un inspector y en un caso concreto algunas personas recuerdan a uno llamado D. Noé J. Sánchez, como sucedió con una mujer de Brincones que fue alumna suya. Al preguntarle por él nos dijo: «era un buen maestro pero era de los malos». Esto es quizás lo más llamativo por decirlo de alguna manera, el miedo a hablar de estas misiones después de 74 años. En concreto en Puertas dos mujeres que viven allí solas, no quisieron decir absolutamente nada de estas misiones.

-¿En el caso de Hernández y las misiones cómo fue la reacción de las gentes?

-Casi siempre y según escribe Miguel, con recelo. «En Brincones nos hablaron muy mal del cura, casado por detrás de la iglesia, relata, con varios hijos en la comarca y que hacía negocio con la cera de las velas. Alguien en Ahigal de Villarino no advirtió que si íbamos a hablar mal de D-., el cacique, podríamos a salir mal parados. Nuestra labor la proclamaba la chiquillería por todo el pueblo y nos reuníamos en las cuadras para proyectar las películas que siempre eran admiradas con asombro». El pueblo siempre quedaba agradecido mientras que en las iglesias el cura clamaba contra los misioneros.

-¿Cuál era la labor de Hernández en estas misiones?

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-Como poeta y algo músico tras las proyecciones de documentales sobre el automóvil, o la vida rural, el leía poemas suyos y romances populares como el de la Loba Parda , los Peregrinitos, Coplillas chungueras al Niño de la Plama , o La Dama y el Pastor, a los que Miguel Hernández acompañaba con silbidos que hacían reír a la gente. Azcoaga les explicaba diferentes aspectos del cine y Maravall les hablaba de las pinturas copiadas del Museo del Prado. Luego todos cantaban juntos el himno nacional, algo que hoy día sería difícil que ocurriera.