«Amor mío, no sufras, no temas, mi vida la escogí yo»

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León

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Matilde Urrutia conoció a Pablo Neruda, un poeta proteico, para quien el amor y el desamor que reflejó en Veinte poemas de amor y una canción desesperada fue un tema constante, en «un concierto en el parque forestal de Santiago de Chile».

Allí, un cruce de miradas abrió pasó a un intenso amor, que el editor reproduce cronológicamente y que comienza con la «época del amor secreto». Casi 23 años de correspondencia. Un amor muy viajero que se tiene que encontrar en diferentes lugares de forma clandestina, ayudada por algunos amigos, como en la Atlántida a 40 kilómetros de Montevideo, donde hoy existe un museo en la casa que la pareja solía compartir de vacaciones. Pero otro gran refugio, como recuerda Darío Oses en la introducción, fue en «un rincón de Santiago, en los faldeos del Cerro San Cristóbal. «Estábamos embrujados por un ruido de agua -”dice Matilde-”, era una verdadera catarata la que venía por el canal, en la cumbre del sitio. Pablo no cabía en sí de gozo: -˜Esto es lo más hermoso que he visto-™».

En las cartas de los últimos años, ya instalados en Isla Negra, Neruda ya no puede salir y Matilde es la que viaja. Y del inicio de « Amor mío, no sufras, no temas, mi vida la escogí yó y la escogí para ti también» , o de « Sueño mío, adorada mía, sabes dónde vas?» , Neruda pasa a un sereno « Pantojilla, no hay nada de nuevo por acá, la vida pública agitada como de costumbre, la vida en la casa sigue igual» . S u amor por los perros, los embarazos frustrado de varios hijos, la creación, sus viajes por el mundo, sus dolores, gozos o sufrimientos vitales copan estas cartas.

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