«San Isidoro estuvo a punto de desaparecer con la Desamortización»
La colegiata arrastra una larga historia de rehabilitaciones que se remonta a hace más de 200 años: mañana se firma un convenio para restaurar la zona del museo

Obras de emergencia en la Puerta del Cordero en 1963.
«Tenemos que ser humildes y agradecidos: si no fuera por algunos de quienes nos precedieron, hoy no tendríamos lo que tenemos». Son palabras del abad emérito de la Real Colegiata de San Isidoro, Antonio Viñayo, memoria viva de la basílica, quien, ante el reciente protagonismo que ha cobrado este gran centro religioso y cultural -”recibió la Medalla de Oro de las Cortes y mañana se firma un importante convenio para restaurar su museo-”, rememora algunos de los hitos más destacados en la larga y delicada historia de sus restauraciones y obras de emergencia.
«San Isidoro estuvo a punto de desaparecer con la Desamortización -”explica-”. El edificio amenazaba ruina por todas partes y el cabildo desapareció como institución, aunque sus canónigos siguieron cuidando del templo en la medida de sus posibilidades».
La colegiata pudo sobrevivir, según Viñayo, gracias a la propia ciudad y tierra de León. «Se estableció un sistema de suscripción popular y los pueblos e iglesias hicieron donativos. Mi pueblo, Otero de las Dueñas, donó una peseta en el año 1900». La basílica se encontraba en una situación tan penosa que, cuando se restableció el cabildo, el abad tuvo que tomar posesión del cargo «en un convento de monjas cercano» relata Antonio Viñayo. Uno de los primeros encargados de obra «salía a pedir, con un saco, por las calles de León», afirma.
40 carros de tesoros. Pero las restauraciones más intensas comenzaron «hace 50 años». «El interior estaba tal y como lo dejaron las tropas de Napoleón, yo mismo ayudé a retirar los restos de los establos donde tenían las caballerías», recuerda el abad emérito, haciendo hincapié en el gran saqueo cometido por las tropas francesas acampadas allí. «Robaron todo el tesoro, sacaron hasta 40 carros cargados de tallas, objetos de culto y figuras de arte sacro». De hecho, intentaron quemar parte del edificio y aun en la juventud de Viñayo -”cumplirá en breve los 88-” se podían apreciar restos de hollín en algunos sillares.
La colegiata renació, pues, «gracias al amor que le profesaba el pueblo de León y al hecho de que la primera Diputación Leonesa de la historia tuvo su primera reunión aquí, con el fin de que no la ocupara el Gobierno y la vendiese», informa.
De hecho, las fuerzas vivas de la ciudad enviaron numerosas comisiones a Madrid con el fin de interceder por el monumento, comisiones «que no sólo estaban formadas por católicos, sino también por aquellos que entonces llamaban liberales , agnósticos», avisa.
«Cuando entré en San Isidoro, hace 50 años, había cuatro ancianos canónigos que hacían lo que hubiera que hacer: más de una vez los vi subidos al tejado reparando goteras».
Y es que el panorama debía de ser desolador hace medio siglo: una enorme hendidura recorría toda la bóveda («cabía el puño mío», comenta), los muros se combaban, la Puerta del Cordero estuvo a punto de venirse abajo... algunos de los que impidieron la ruina, trabajando mucho y en ocasiones imaginando audaces soluciones, fueron el arquitecto Torbado (el Viejo), Luis Menéndez Pidal y Andrés Seoane, quienes cubrieron el templo de andamios, atirantaron, metieron vigas de metal... «San Isidoro estaba muy mal cimentado, esta piedra de Boñar es muy luminosa, pero quebradiza y porosa. Se rodearon de un gran equipo de profesionales y expertos e impidieron que se viniera abajo el edificio».
Antonio Viñayo también tiene palabras de agradecimiento para quien fue su antecesor en el cargo de abad, Julio Pérez Llamazares, hombre «muy serio, de gran carácter, tuvo que alojar aquí a 4.000 soldados durante la Guerra Civil y ninguno tocó nada». También Juan Crisóstomo Torbado, el hijo, colaboró en gran medida en estas labores. «No olvidemos que ésta es ya la cuarta iglesia desde aquella que levantara Sancho el Gordo en honor a san Pelayín»... Así que Viñayo agradece mucho los desvelos de las instituciones, pero también reflexiona: «No seamos infelices... las más grandes obras se hicieron hace tiempo; de hecho, el que San Isidoro siga en pie es un verdadero milagro».
Nuevo convenio. Será mañana martes cuando Francisco Rodríguez Llamazares, actual abad de San Isidoro, y Rafael Spottorno Díaz-Caro, director de la Fundación Caja Madrid, firmarán el convenio que permitirá la reforma y la modernización del museo de la colegiata, así como el desarrollo de un plan de gestión de todo el conjunto monumental. Este acuerdo forma parte del protocolo de intenciones que suscribieron estas dos instituciones y la Junta de Castilla y León para llevar a cabo el proyecto cultural y de revalorización de la Real Colegiata isidoriana.