Una mortaja de adioses para Delibes
Los Reyes le felicitaron en su casa cuando ganó el Premio Vocento a los Valores Humanos en 2006.
Ya ve. Usted tampoco. El dolor, digo. Usted tampoco obtuvo recompensa tras encerrarse en la jaula de la tristeza. Es lo que tiene la vida y, sobre todo, es la herencia de la muerte, esa muerte seca y ruda, que tan bien reflejó en La mortaja . Un día descubres que tu padre no se despertará más y que, en realidad, el que se queda desnudo y desamparado eres tú. Y que la ignorancia unida a la pobreza te puede convertir en asesino por un saco de ratas... y que hay paraísos perdidos, y que el camino te va alejando de ellos... y que nada importa demasiado, ni siquiera la literatura, ni siquiera... porque llega un momento en el que incluso ese dolor que convertimos en nuestra plegaria diaria desaparece, y tenemos que abandonar el altar del duelo, y no tenemos a nadie que coja el testigo.