Entrevista
«No hay que hacer de los concursos el objetivo de la vida»
El pianista valenciano Josu de Solaun.
Residente en Nueva York desde hace once años becado por la Manhattan School of Music, alumno de Horacio Gutiérrez, Nina Svetlanova o Edna Golandsky... es el único pianista español galardonado en los casi 30 años de existencia del Certamen Iturbi. El pasado año fue Mejor Pianista Europeo en Praga y esta noche, a las 20.30 horas (5 euros), ofrece en el Auditorio un monográfico de Chopin.
-”Ganar estos importantes premios ¿ha significado algo especial en su carrera de concertista?
-”Son importantes hasta el punto que tú les quieras dar. Un concurso es ante todo una oportunidad para tocar en público. Tiene como elemento positivo que es la fecha de vencimiento y esas son maravillosas porque te obligan a estudiar y preparar un programa al más alto nivel, pero tiene como negativo que no es indicativo de nada ya que el pianista está en constante evolución y ese concurso lo coge en un momento concreto que ni es mejor ni peor, es el que es. Luego mejora o empeora. No hay que hacer de los concursos el objetivo de una vida.
-”¿Cómo elige sus repertorios? ¿En función de público, de gustos personales-¦?
-”Tengo un lema que siempre he intentado seguir: tocar la música con la que tengo una especial afinidad. Un músico tiene que conocer y empaparse de toda la literatura, pero a la hora de presentarte ante el público debes hacerlo con esas obras que hacen mayor justicia al compositor.
-”¿Se considera especialmente autocrítico? Ofrezca un consejo para los que están en este camino.
-”La autocrítica es un arma de doble filo porque llega un momento que es destructiva. Intento huir de eso. Es necesaria para avanzar, pero sin llevarla al extremo. No me gusta dar consejos porque el primero que los necesita soy yo, pero decirles que no se obsesionen con los premios, que busquen objetivos y luchen por conseguirlos sin descanso pero sin estrés.
-”Con 17 años consigue una beca para estudiar en la Manhattan School of Music de Nueva York, un sueño para cualquier músico...
-”Fueron tiempos de ilusión, de ganas de comerte el mundo, de conocer y empaparte de otras culturas, estéticas, estilos, pero también de penurias económicas. Trabajé en muchas cosas, camarero, tramoyista, repertorista, canguro... En una ocasión me olvidé la cartera y no tenía el dólar veinticinco para el metro. Pedí, pero nadie me dio nada, así que le dije a un afrocubano que estaba allí que me dejara tocar su órgano electrónico y allí me puse a tocar el vals Mephisto . Al poco comenzó a llegar gente y a dejar dinero. Conseguí el equivalente a 50 euros.
-”¿Qué ha significado Eutherpe para usted?
-”Es mi casa musical, donde más a gusto estoy. Margarita ha conseguido hacer de Eutherpe un referente mundial del que no nos damos cuenta hasta que no lo vemos fuera de España. Es un lujo impagable.