el invento del maligno
Huelga
El invento del maligno josé javier esparza
El venerable presidente de RTVE, Alberto Oliart, ha dicho en el Congreso que «el clima laboral que reina en la compañía no es desde luego el deseable, y se debe a que estamos en período de negociar el convenio colectivo, pero también a que estamos en la antesala de elecciones sindicales». La oposición le ha contestado que «a lo mejor el problema es usted». Al mismo tiempo el director general corporativo de RTVE, Jaime Gaiteiro, anunciaba que el año pasado la Casa ganó dinero: 1,4 millones de euros, frente a los 74 millones que perdió en 2008. Pero hay que subrayar que ese beneficio se debe a los 700 millones del ala que RTVE ha recibido del Estado. Así cualquiera tiene beneficios, ¿verdad? De momento, el horizonte inmediato de TVE es la huelga convocada por los trabajadores de la Casa; huelga inevitable tal y como están las cosas, y aún parece poco para lo que podría haber. ¿Es mejor lo que hay que lo que había? Seguramente sí.
Sobre esto conviene ser lo más objetivo posible: es difícil creer que RTVE, para solucionar su «agujero», pueda tomar medidas distintas a las que está tomando. Pero es más discutible que lo esté haciendo del modo adecuado y con el objetivo correcto. Por el actual camino, parece probable que los números terminen cuadrando. Pero será a costa de tener una televisión pública irrecuperable, y eso es lo que con razón se le reprocha desde un punto de vista no comercial, sino comunicacional: uno pasa revista a los grandes éxitos clásicos de TVE en el terreno del servicio público -"lo informativo, lo divulgativo, lo cultural, etc.-" y comprueba que a partir de ahora, con una plantilla reducida hasta la extenuación, ya no será capaz de volver a hacer las mismas cosas, sino que tendrá que comprarlas fuera.
La pregunta evidente es si éste era verdaderamente el objetivo. Por otro lado, quienes están mirando con pavor lo que pasa en TVE son los canales autonómicos, cuya situación es, proporcionalmente, aún peor que la del Ente por antonomasia. Y encima, sirven para menos. Alguno haría bien en ir poniendo sus barbas a remojar.