Reportaje | marcelino cuevas

Los colores de un pintor optimista

Saldaña expone sus paisajes expresionistas en la sala Bernesga

Saldaña posa junto a dos de sus obras.

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León

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En el mundo de la creación hay un momento muy especial, un instante mágico en el que todo cambia, que llega cuando el artista rompe con todo, se olvida de las leyes que le han inculcado en la academia y se lanza sin trabas, sin prejuicios, a interpretar su propia sinfonía. No hay duda de que algún sedimento de las reglas aprendidas queda en el subconsciente del artista, pero en su obra impera majestuosamente la más absoluta libertad.

Saldaña ha llegado a ese estadio solamente habitado por los privilegiados. El pintor, que nació en Burgos pero se siente asturiano, desafía todas las leyes escritas con el monumental estallido de color de sus cuadros. Saldaña es pródigo en materia y avaro en las formas. Saldaña es espléndido en el color y escueto en los argumentos. «Para pintar --dice- lo menos importante es el motivo. Se puede pintar un paisaje o a una persona cientos de veces, pero los resultados serán siempre diferentes. Las circunstancias, el momento, un rayo de sol que aparece y lo cambia todo-¦ lo importante es pintar y pintar. Yo prefiero los paisajes de Castilla que encuentro llenos de matices. Los pequeños pueblos de adobe con las esbeltas siluetas de las espadañas de sus iglesias. Y también los parques ciudadanos con el brillo añadido de la presencia siempre optimista de los niños. Pero en definitiva, todos mis cuadros son iguales y a la vez sustancialmente distintos, son pintura, mi pintura».

Saldaña, que expone estos días en la galería de arte Bernesga, muestra, después de cuatro años de su última exposición, que evoluciona lentamente, que ya ha llegado al punto en el que se encuentra a gusto. Sus obras son perfectamente identificables para el espectador que sigue su trayectoria. En ellas destaca el poder de su gestual y matérica pincelada que deposita sobre el lienzo palpitantes porciones de vida.

Cada mancha de sus óleos es una frase, cada figura un capítulo, y en la obra completa el artista cuenta sus vivencias por los campos y ciudades del mundo, su visión optimista y positivamente divertida de un entorno que vive zozobras que el pintor se niega a testificar.

Las obras de Saldaña son eminentemente expresionistas, y más que visiones de un paisaje que se empeña en mantenerse vivo, son un compendio de emociones, de vibraciones, de sensaciones.

En sus cuadros siempre se acaba reconociendo el paisaje que el pintor interpreta, pero cada vez está más difuminado, más empapado por la mística pictórica del artista.

Y la mejor manera de comprobar las excelencias de la técnica de Saldaña, es contemplar alguna de las obras que ha dedicado a las tierras leonesas. En ellas se puede comprobar que el pintor posee una mirada diferente que nos muestra ángulos insólitos de los paisajes urbanos que conocemos, que nos trasladan a un mundo nuevo, al mundo personal e intransferible de Saldaña.

Lugar: sala Bernesga. Calle Roa de la Vega, 8.

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Horario: de lunes a viernes, de 12.00 a 13.30 y de 18.00 a 21.00.