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León

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Opinión | cristina fanjul

No parece de sentido común que el Cabildo se gaste 170.000 euros en comprar un órgano nuevo mientras la Catedral sigue atravesando un valle de lágrimas. Si las administraciones quieren seguir los buenos oficios de Sonsoles Espinosa -”Samuel Rubio dixit-” es cosa suya, pero la Iglesia es otra cosa. Como dice el administrador del templo, Jacinto Gutiérrez, lo obtenido de las velas y las colectas no da para la restauración, así que mucho menos para los 4.344 tubos que componen el nuevo órgano. Si se acordó que lo obtenido de El Sueño de la Luz debía dedicarse a salvar las esculturas y las vidrieras, el próximo festival de órgano tendrá que contentarse con la máquina actual.

Con menos de seis mil euros se salva un metro cuadrado de vidriera. Hagan las cuentas. No están las cosas para músicas celestiales.

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