Reportaje | marco romero

Labradorcito era mi padre

Una vecina de San Miguel de Escalada ha recuperado durante años ancestrales cánticos populares de la ribera del Esla y hoy los revive en un paseo por la memoria hasta el desaparecido pueblo de Vallejo

Escelita, promotora de la idea, junto a los chopos en los que marcó la fecha de 1942 con una púa de

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León

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La historia de San Miguel de Escalada siempre ha estado rodeada de mitos y grandes leyendas, como la que atrajo a media docena de buscadores de tesoros allá por el siglo XVIII para buscar las alajas que se suponía rodeaban el priorato o el milagro de la lluvia que habría realizado San Gonzalo en 1609 para acabar con la sequía en estos valles. Hoy, una activista de la recuperación de la memoria popular, la octogenaria Escelita Fernández, ha convocado una merienda en los terrenos donde un día estuvo asentada la desaparecida población de Vallejo, en lo que el pueblo ha conocido históricamente como Huerta Sabina. Su objetivo no es otro que mantener viva la convivencia de los vecinos y revivir los cánticos que ha ido recopilando durante los últimos años entre los habitantes más mayores, casa a casa. «Labradorcito es mi padre, labradorcita soy yo...», entona mientras visita los chopos que hay al pie de la fuente de Vallejo. En uno de ellos, con una púa de espino, grabó la fecha de 1942 en su día y todavía hoy se perciben las grietas en el tronco.

A las cinco de la tarde ha citado a vecinos de los pueblos del entorno en el priorato de Valdabasta para iniciar un paseo hasta Vallejo, cuyo terreno concejal perteneció a la Casa de Alba. Lo harán por un viejo camino donde la memoria popular coloca la denominada Cruz de Vallejo, que se presupone que era, además de la señal que separaba Valdabasta de la localidad ya desaparecida, un indicador para los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela por una variante de la que no existe más documentación que la tradición oral. Este camino, según recogió en su día Amado Cancelo García en su libro El concejo de Val de San Miguel de Escalada , fue la ruta utilizada por los caminantes que llegaban a Escalada atraídos por el monasterio y las reliquias del apóstol Santiago que allí se guardaban. Salían desde Sahagún, Cea o Saldaña y acortaban distancia a León a través de Santa Olaja de Eslonza. El acto de hoy, por tanto, puede convertirse en el punto de partida de la recuperación de esta desconocida pero interesante ruta jacobea a través de los monasterios de las riberas del Esla y el Porma.

Escelita Fernández cuenta con los apoyos de vecinos como Resti, de Cubillas, o Alfredo, autor de la proyección de San Miguel de Escalada a través de Internet. A estas tierras no le faltan leyendas que escribir y recordar, razón por la que se mantiene viva más que nunca la propuesta de Cancelo para colocar en esta zona un monolito que recuerde a los vecinos de Vallejo, anexionado a San Miguel en el siglo XVII.

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