Crítica | marcelino cuevas
A la curiosidad femenina
El escultor Jesús Trapote expone en el patio del Palacio de Don Gutierre
Jesús Trapote con la escultura expuesta en Don Gutierre.
Al patio del Palacio de Don Gutierre ha llegado una nueva escultura, en este caso una rotunda mujer que según su autor, Jesús Trapote, representa a la irrefrenable Curiosidad femenina . Trapote es un leonés de Valladolid, cosa nada fácil de conjugar, que imparte su magisterio en la Escuela de Arte y que tiene en la ciudad obras de escultura urbana tan representativas como el Fray Bernardino de Sahagún del Instituto Leonés de Cultura, o El Turista y su Hijo, ubicada en la plaza de la Catedral. Su obra es muy extensa y variada, destacando en ella siempre su interés por la figura femenina.
En esta exposición el artista presenta los bocetos y dibujos que fueron el punto de partida de Curiosidad femenina . También una primera interpretación de la obra, modelada en barro, de tamaño mediano. Y, finalmente, la espectacular figura en resina de poliéster, con la que Trapote consiguió una medalla en la Bienal de Florencia. «El haberla realizado en este material -”explica el escultor-” fue, precisamente, porque está pensada para mi participación en Florencia. La resina de poliéster es un material resistente y de poco peso, por lo que fue más fácil y menos costoso su transporte hasta la ciudad italiana». Jesús Trapote dijo en la presentación de su obra, que la Academia de la Lengua «define curiosidad como -˜deseo de saber o averiguar lo que no nos concierne-™. Leído así puede parecer un defecto o vicio, pero si lo analizamos desde otro punto de vista puede ser una virtud. La curiosidad, aunque suene a tópico, está latente en la mujer y es necesaria y útil. He llevado esta temática al volumen buscando un simbolismo mágico para ensalzar a la mujer, que es mi principal fuente de inspiración escultórica».
En un histórico edificio. Y allí está, en el recoleto patio, esa curiosa mujer desnuda, rotunda en sus formas, desafiante en su gesto, avizorando cotilleos e historias, buscando quizá al misterioso espíritu que de seguro se esconde en el espacio mágico acotado por los vetustos paredones, y que recorre en silencio los renovados salones. La mujer, curiosa, otea el infinito mientras expone a los elementos los rotundos volúmenes de su estructura. Así, gozosamente desnuda, vivió momentos de gloria en la hermosa ciudad de Florencia, compartiendo el éxito al lado de las obras de Miguel Ángel. Y así, silenciosa y expectante, se enfrenta a las frías noches de León en el patio angosto y empedrado del histórico Palacio de Don Gutierre.