Diario de León
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El invento del maligno josé javier esparza

Antena 3 ha estrenado la séptima temporada de su serial de intriga adolescente El internado . Dicen que será la última. La verdad, no me lo creo: algo inventarán para seguir exprimiendo esta teta, que por lo demás ha sido francamente ubérrima.

La apertura de esta recta final es de traca: estalla un laboratorio secreto en el internado, un virus letal queda flotando en el aire, todos los alumnos corren el riesgo de una muerte inminente y, para evitar que cunda el pánico, el Ejército -”nada menos-” toma posiciones en torno a nuestros esforzados protagonistas. Tiene gracia el texto que la cadena difundía hace unos días para presentar el retorno: como hay que evitar que el virus se propague, el Ejército rodea el internado con alambre de espino. Claro: el virus, al ver el alambre, desistirá y volverá a casa, ¿no?

Esta es sólo una de las innumerables incongruencias que aquejan a El internado , serie que hace tiempo dejó de ser una historia con pies y cabeza para convertirse en una sucesión de sustos e impactos sin otro fin que retener la atención de su público. ¿Reproche? En realidad, no: en la tele cabe casi todo, y esto de construir relatos a base de pellizcos es un género como cualquier otro. Aquí empezamos a verlo en productos como Motivos personales , de Ida y Vuelta (¿alguien se acuerda?), y desde entonces la técnica de hacer girar los guiones como si fueran una peonza no ha dejado de arreciar.

No me pondré demasiado pedante si digo que es una técnica calcada del cómic, donde al final de cada página hay que prometer un giro radical que incite a leer la página siguiente, aunque al llegar a la conclusión el relato ya no parezca el mismo del principio. Se trata de historias donde la historia propiamente dicha es lo de menos, y lo que de verdad pesa es la continuidad de los protagonistas principales y, en particular, la explotación comercial del fenómeno fan.

Ya digo que esto no es un reproche: El internado ha sido una especie de cómic televisado que, por lo demás, ha mantenido una cierta voluntad de calidad y estilo.

Eso basta para absolverle.

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