Reportaje | cristina fanjul
Una leonesa en la corte de Felipe II
La antropología se alía con la historia para descubrir que el cuerpo embalsamado en la capilla de los Reyes de la catedral de Palencia era el de Isabel de Cisneros
En la imagen puede verse cómo se embalsamó el cráneo de la mujer aparecida en Palencia.
La mujer que yace en la Capilla de los Reyes de la Catedral de Palencia es, casi con toda seguridad, Isabel de Cisneros, mujer del ministro de Hacienda de Felipe II. Luis Caro Dobón, director del departamento de Antropología Forense de la Universidad de León, ha terminado la investigación que inició hace dos años y ha descubierto no sólo la identidad de los cuerpos de la seo palentina, sino la técnica que se utilizaban durante el reinado de Felipe II para embalsamar cadáveres. Una vez más, es este departamento pionero de León el que lidera la investigación antropológica de la comunidad.
Si bien en un primer momento algunos historiadores pensaron que podría tratarse de la reina Urraca, hija de Alfonso VII, con posterioridad se descartó esta posibilidad y se cree que puede tratarse de Isabel de Cisneros, perteneciente a la nobleza leonesa de Sahagún, que contrajo matrimonio con el contador mayor de cuentas de Felipe II, esto es, el ministro de Hacienda del rey y, por lo tanto, uno de los hombres más influyentes del mundo en aquel momento. Tal vez por eso, por el carácter sobresaliente del personaje, sufrió, a su muerte, un proceso de embalsamamiento único y desconocido en aquel momento.
Hay un detalle poco conocido que puede desvelar uno de los misterios del último año. Según cuenta la historiadora Margarita Torres, el contador mayor de cuentas de Felipe II, marido de Isabel de Cisneros, solicitó al rey permiso para copiar el lienzo del Santo Entierro de Tiziano. Se desconoce si finalmente el emperador dio su plácet, pero esta anécdota podría explicar la procedencia del lienzo hallado en el museo de la Semana Santa de Sahagún, lugar de procedencia de Isabel de Cisneros.
Técnica. El caso es que en aquella época la Inquisición prohibía tocar a los muertos, lo que lleva a la hipótesis de que esta mujer debió de morir durante un viaje y lejos de Palencia, lo que obligó a practicársele un embalsamamiento para evitar así la putrefacción del cadáver. Sin embargo, la técnica seguida para conseguir la momificación era diferente a las que hasta entonces se conocían. Los expertos dudaban acerca de cuál era la sustancia que se había introducido en el cuerpo de la mujer una vez removidas las vísceras. «Llamaba la atención que tuviera el cráneo cortado y con una pasta blanquecina en su interior, al igual que en la cavidad torácica y abdominal», explica Caro Dobón. Tras los estudios realizados, Luis Caro llegó a la conclusión de que se trataba de un procedimiento desconocido hasta ahora: los que realizaron el embalsamamiento utilizaron cal muerta, resultado de hacer hervir cal viva con agua. Y el hecho es que esta sustancia consiguió la finalidad esperada.
El carbonato cálcico es absorbido por los huesos, fortaleciéndolos de manera sobresaliente. «Su efecto es tal que la columna de esta mujer aparece entera», dice Caro. Ésta es la primera referencia directa en la que se ha podido realizar un análisis químico sobre una muestra de material de relleno en el caso de embalsamamiento de finales del siglo XVI, y su resultado no coincide con lo recopilado en la bibliografía consultada por los autores de esta investigación sobre la práctica de momificación en la época. Así pues, un descubrimiento inédito. Contrariamente a lo que se hacía, esta masa blanca y esponjosa se realizó sin utilizar plantas aromáticas en el relleno. Además, tiene una alta concentración de carbonato cálcico y magnésico y, en menor medida, de fosfatos, hierro y silicato.