Reportaje | emilio gancedo
Lo que Lancia esconde
El Museo de León se prepara para acoger la gran variedad de objetos que están apareciendo al pie de Lancia, especialmente en sus necrópolis, donde se están recuperando desde esqueletos de individuos aislados y familias
Curioso recipiente de vidrio, retorcido por el calor de la incineración.
La certeza de que uno de los puntos fuertes de la «nueva Lancia» descubierta es la zona de necrópolis o enterramientos resulta cada vez más patente: las excavaciones arqueológicas realizadas a contrarreloj con motivo de la construcción de la autovía A-60 (León-Valladolid) han sacado a la luz más de 150 tumbas entre inhumaciones e incineraciones.
Fuentes de la empresa encargada de la excavación y de la plataforma Salvemos Lancia han recordado a Diario de León que en la zona de enterramientos se han podido recuperar todo tipo de restos humanos, desde individuos aislados hasta familias enteras pasando incluso por la tumba de un niño de corta edad. La mayoría de estos restos se muestran asociados a ajuares funerarios cuyos contenidos (sobre todo lámparas, platos y recipientes de cerámica y vidrio y otros objetos y prendas de uso cotidiano) han aparecido en gran número. Además, se han extraído varias urnas en las que, en su día, se depositaron las cenizas de alguna persona fallecida y junto a las que también se han obtenido restos de cerámica, vidrio y metal.
Objetos para el Más Allá. Desde Promonumenta, la más activa asociación en defensa del patrimonio leonés, José Magín recuerda que la mayoría de estos hallazgos corresponden a la población romana del siglo I d.C., «con lo que enlazan directamente con los restos de la ciudad conservados en lo alto del cerro y que pertenecen a la Diputación». Y así, todos los objetos "muy heterogéneos" que de manera tan abundante han venido saliendo a la luz estos días en ese contexto tienen su origen en el momento en el que, hace unos 2.000 años, fueron colocados al lado del cadáver, en la pira funeraria. «Una vez quemado el conjunto, todos esos restos se depositaban en la tumba, que es lo que ahora se está excavando», precisa José Magín.
Adornos personales, como broches, hebillas, fíbulas o pulseras, bien enteros o bien reducidos a fragmentos más pequeños; y recipientes de diversos materiales, como vasijas, platos, fuentes o vasos; eran enterrados junto a sus propietarios, una costumbre muy arraigada en la Antigüedad. Todos estos objetos irán a parar al Museo de León, institución que, de esta manera, verá enriquecidos sus ya nutridos fondos de manera muy considerable.
«No obstante, lo que no se haya podido salvar por la falta de tiempo y premura de medios quedará debajo de la autovía si finalmente llega a construirse justo por aquí», lamenta José Magín.
Por el momento, la última palabra la tendrá, este mes entrante, la Comisión de Patrimonio, aunque algunos de los expertos participantes en la campaña han recordado que el espacio arqueológico es mucho mayor y que podría ofrecer más sorpresas que las aportadas por los 40.000 metros cuadrados de tierra removidos hasta ahora.