La Junta inicia la obra del centro de recepción de San Miguel de Escalada
Se habilitará una oficina de documentación y aseos en el inmueble anejo al monasterio
A la izquierda, el inmueble que se remodelará junto al monasterio.
Las obras para el el centro de recepción de visitantes en el monasterio de San Miguel de Escalada comenzaron la semana pasada y se prolongarán durante varios meses. Los trabajos tienen como objetivo reforzar el inmueble adyacente al cenobio, dotándolo de aseos, centro de información y documentación y almacén.
Hay que destacar que San Miguel es uno de los lugares que más visitantes recibe en la provincia. Un estudio realizado por el Instituto de Turismo de Gradefes reveló que durante los meses de julio, agosto y septiembre 3.356 personas visitaron este templo, declarado monumento nacional en 1886. De ellas, 2.545 eran españoles, mientras que los 811 restantes eran extranjeros. Estos datos indican que cada día San Miguel de Escalada recibió una media de 75 visitas.
Las últimas obras realizadas en el cenobio terminaron en septiembre del año pasado. Entonces, el director general de Patrimonio, Enrique Sáiz recepcionó unos trabajos que, con una inversión de 185.000 euros, consistieron en la restitución de la techumbre del monasterio con el fin de acabar con la humedad, que ponía en peligro tanto la iglesia mozárabe como la medieval. Las obras se centraron en la rehabilitación de la techumbre lateral del conjunto. Además, el proyecto contemplaba la consolidación de las tumbas de los monjes que se encontraron durante los trabajos de excavación arqueológica que terminaron en el año 2004.
Lo que sigue sin conocerse de momento es cuándo se presentará el proyecto del centro de interpretación, que se instalará en la iglesia románica, así como el plan para la iluminación ornamental del templo mozárabe.
San Miguel de Escalada ha sufrido desde el siglo XIX no menos de doce rehabilitaciones. Algunas de ellas, como la de Demetrio de los Ríos, Menéndez Pidal, y Rodríguez de Cueto han sido muy minuciosas. Otras, no tanto. El CSIC descubrió que algunas restauraciones estuvieron a punto de poner en peligro el edificio. En 1981, el riesgo de movimiento del edificio se combatió con un «micropilotaje» de un muro que pretendía «atar» la iglesia y evitar así desplazamientos. Sin embargo, esta obra, lejos de solucionar el problema, rompió el equilibrio estructural del edificio, convirtiendo la fachada occidental en un paramento fijo frente al resto de la iglesia, sujeta a los movimientos naturales del terraplén sobre el que se asienta. mudéjar». Y lo peor de todo: la obra se ejecutó en una «mampostería burda, cogida con cemento, para la que curiosamente se emplearon escombros, como demuestra la singular presencia de un tubo de hormigón. Tal fábrica fue ocultada por unas capas de cemento que fueron eliminadas con motivo de la última restauración».