El invento del maligno | José Javier Esparza
Ella
El invento del maligno josé javier esparza
E lla, claro. No hay otra: Belén Esteban. ¿O es que hay otra persona en el mundo que suscite interés? No estoy muy seguro de poder desmentir la siguiente astracanada: que Telecinco va a presentar la candidatura de Belén Esteban para el premio Nobel de la Paz. Me la ha mandado un lector por e-mail y no me he resistido a trasladarle a usted la propuesta. Tan rutilante candidata -"que, por otra parte, no desmerece de los galardonados con el premio en los últimos años-" daría la justa medida de la España de nuestro tiempo. Solo una cosa puede echar barro sobre la bandeja: las confesiones de Fran, el ex, que este fin de semana ha largado lo suyo. Dice el señor Fran que lo ha hecho sin cobrar. Más precisamente: es Telecinco la que lo ha dicho. De donde uno puede deducir la siguiente carambola: Telecinco contrata a Fran para que hable sin cobrar. ¿Extraño? Después de todo, cosas más raras hemos visto. Hablando de cosas raras, y cambiando de tercio, el venerable Oliart ha proclamado que si los españoles queremos una televisión pública, tendremos que pagarla. Hombre, señor Oliart, sí que queremos una televisión pública, pero sólo una, y para que ofrezca contenidos acordes con su rango, y no para que Cayetana Guillén Cuervo se dé la gran vida. Aunque, si bien se mira, eso que cobra Cayetana es excremento de paramecio comparado con lo que el mencionado Fran -"y volvemos a lo de antes-" dice que le han ofrecido por cantar: medio millón de euros. Sí, ha leído usted bien: ¡medio millón! Pregunta: ¿Hay en España algún imbécil capaz de pagar ochenta y ocho millones de pesetas para que hable el ex de Belén Esteban? Es bien sabido que en España no cabe un tonto más, y nuestra tele no es una excepción, pero, incluso en esas condiciones, se me hace difícil creer que alguien pueda hacer semejante estupidez. Más bien me inclino a pensar que todo forma parte del mismo montaje. Del marketing a la sordidez. Son precisamente estas cosas de las privadas las que hacen preciso que exista la Pública, para equilibrar el paisaje. Pero lo dicho: solo una. Y sin salarios cayetanos.