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ester requena | madrid
León

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Érase una vez un padre y un hijo que regresan a la infancia para jugar por siempre jamás. Una cenicienta que por fin rompe el hechizo al llegar la medianoche y que cambia su tradicional zapatito de cristal por unas modernas deportivas. Pero también hay una niña disfrutando del país de las maravillas y un gato con botas dejando sus huellas por los tejados... Y, por supuesto, no falta un final feliz: la diosa Fortuna derrochando oro en un día muy especial, el 22 de diciembre. El cuento les sonará muy poco o casi nada. Es uno nuevo que ni siquiera aún se ha visto ni oído. Es el del gordo de la Lotería de Navidad, que este año ha apostado por el universo de ilusión y fantasía de los personajes de nuestra más tierna infancia para su tradicional anuncio. Eso sí, sin el calvo que repartía suerte a la vista, ya que fue desterrado hace unos años del spot que anuncia la esperada lluvia de millones con la que cualquier español ha soñado en algún momento, y más en estos tiempos de crisis. «Queremos animar al público a fantasear, a volver a la infancia, porque si no la hacemos en Navidad no lo haremos nunca. Por eso hemos relacionado las ganas de que te toque algo en la Lotería con la fantasía de los cuentos de toda la vida», detalla Ricardo Pérez, director de las campañas navideñas de los últimos cuatro años. Aunque el espíritu del anuncio sigue siendo el mismo: invitar al espectador a comprar algún décimo que otro en estas fechas. Y mejor si son los 203 euros por habitante que el año pasado jugaron en Soria.

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