Entrevista
«Lo que mejor resiste el paso del tiempo es el humor»
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Eduardo Mendoza cree que el humor en la literatura es el género que mejor resiste el paso del tiempo. Lo dice un maestro que lo ha cultivado repetidamente. Sobre las circunstancias de la época, piensa que «el fascismo español tuvo un discurso bastante vacío porque nació de una manera muy precipitada».
-¿Por qué está tan descuidado el humor en la literatura española actual, cuando ha habido representantes eximios como Quevedo, Jardiel Poncela o Mihura?
-Al final, si uno echa la vista atrás, lo que mejor resiste el paso del tiempo es el humor. La literatura española es El lazarillo, El buscón, El Quijote , las comedias... Que no haya un humor culto en la literatura quizá se deba a que todavía estamos a la sombra de la novela del siglo XIX, que es muy seria. En cambio, toda la novela del siglo XVIII es humorística: ahí están Swift, Voltaire o Diderot.
-¿Le ha sido difícil utilizar la ironía para narrar una etapa tan convulsa como los prolegómenos de la Guerra Civil?
-La ironía está en la mirada del autor y en labios de los protagonistas. Estoy convencido de que la gente, aunque tuviera un papel histórico importante, eran seres humanos con sentido del humor. De hecho, he podido comprobar leyendo documentación de la época que el humor estaba muy presente y que se contaban muchos chistes y se hacían muchas bromas, aunque se vivieran situaciones muy dramáticas. En la cárcel había juerga. Quizá va con el carácter de los españoles.
-A usted se le describe como un caballero anglófilo y educado. No obstante, a juzgar por su obra, le deben de gustar mucho los folletines y la literatura popular
-Sí, me gustan mucho los géneros populares. Intento llevar los géneros populares al terreno culto, o al revés, la cosa culta al terreno popular. El humor en general parece que está como mal visto. Se deja en manos de humoristas chocarreros. Hacer un humor culto con referencias literarias, poniendo en el lector un nivel de inteligencia por lo menos igual al del escritor, me parece interesante. No se puede reducir el vodevil a señores corriendo en calzoncillos.
-¿El Madrid prebélico era un hervidero de espías?
-Sí, eso lo he podido testificar. Todo el mundo sabía que lo que pasara en España influiría decisivamente en el resto del mundo. Aquí estaban puestos los ojos de las grandes potencias. Lo que ocurre con las novelas de espías es que siempre ocurren en sitios tradicionales: en la Unión Soviética o Londres.