«Son un monumento de la herencia cultural europea»

Ilustración medieval de las Cortes de Alfonso IX en San Isidoro.

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cristina fanjul | león
León

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«Las leyes promulgadas por Alfonso IX en la curia de León en 1188 son un monumento de gran significación para la herencia cultural de Europa y del mundo. Las leyes marcan una etapa nueva e importante en la historia parlamentaria y en la historia del derecho europeo». Son palabras del profesor emérito de la universidad Fordham de Nueva York. En declaraciones a Diario de León, el autor de la obra The Cortes of Castile-León 1188-1350 deja claro que se trató del testimonio más temprano de la participación de los ciudadanos en una curia plena real y precisa que su celebración prefiguró las Cortes de los siglos subsiguientes. O'Callaghan, una de las fuentes que el ministerio presenta en su demanda ante la Unesco, manifiesta que la convocatoria de representantes de las ciudades fue decisiva para el desarrollo de las municipios en la segunda mitad del siglo XII y la aparición de la burguesía de mercaderes y artesanos que formaban su población. Asimismo, desvela que el instrumento de representación -esto es, el oficio de procurador (o personero), comisionado que representaba a la ciudad y daba consentimiento a las decisiones tomadas en la curia- lo suministró el derecho romano. «Sin duda, Alfonso IX se dio cuenta de la novedad de convocar a los representantes urbanos a su curia. Era consciente de su importancia económica y política en su reino. Siguiendo el ejemplo de la curia de León los reyes sucesores convocaban con regularidad los tres estados a las Cortes, creando en el proceso una fuerte tradición parlamentaria», asegura el profesor.

Joseph O'Callaghan explica también la gran importancia que tuvieron las leyes que allí se promulgaron. Así, destaca que el rey reconoció la existencia de un cuerpo de derecho («costumbres, fueros y leyes») y subordinó a ellas su autoridad. «Además reconoció que cada persona tenía derecho a ser oído en corte, después de recibir una citación escrita, y que ni el rey ni otro oficial pudiera penarle antes del juicio de la corte», revela. «Cuando reyes como Alfonso X, el Sabio, violó ese principio (en el caso de su hermano Infante Fadrique y Simón de los Cameros) sus contemporáneos protestaron», precisa.

En esta línea se expresa la historiadora Margarita Torres. La Cronista Oficial apunta que la más antigua y sólida referencia probada de la presencia de procuradores ciudadanos en una Curia Plena se data en 1188, año de la entronización de Alfonso IX. «Estas cortes, las primeras de la historia de Europa, constituyen sin duda la gran aportación leonesa a la dinámica parlamentaria del mundo occidental pues perfilan con rasgos 'democráticos', dentro del sistema feudal imperante, la monarquía de nuestro Reino. La representación ciudadana en las asambleas precede en el tiempo a la presencia urbana en la curia imperial alemana (1232), en la inglesa (1265), o, incluso, en Francia (1302) por citar los tres ejemplos más significativos», asegura.

Salto cualitativo. Otro de los garantes de la preeminencia de León como cuna del parlamentarismo es John Keane. En su libro Vida y muerte de la democracia , el profesor de la Universidad de Westminster precisa que las Cortes de León de 1188 representan un auténtico salto cualitativo en la democracia representativa y no tienen precedente en las asambleas de nobles anteriores de otras partes de Europa. «He escrito este libro para desafiar toda una serie de ideas arraigadas sobre todo en los países anglosajones como la de que Inglaterra es la madre de todos los Parlamentos», defiende, y añade que «si hay una madre, está en León». Además, para John Keane la originalidad de las Cortes de León radica en el hecho de que por primera vez la comunidad política está dividida, en la puesta en marcha de un sistema que defiende que hay que debatir abiertamente los temas y en que tanto el monarca como los representantes de los distintos estamentos están obligados por las decisiones que finalmente se adopten. «Como resulta obvio, el Reino de León no fue en absoluto una democracia tal como hoy las conocemos. Sí fue, podemos decir, la madre del parlamentarismo, el creador de la idea de que el poder siempre hay que negociarlo de forma no violenta», establece. Además, Keane niega la mayor y rechaza la idea que vincula las Cortes leonesas a los visigodos. Para el historiador, las Cortes son «hijas de la Reconquista». Así, explica que los representantes de las ciudades que acudieron a las Cortes de León pudieron haber estado influidos por una vieja práctica musulmana de emplear a un representante legal (el wakil ) para que actuase en nombre de quien le enviaba a un lugar lejano.

El catedrático Fernando de Arvizu es otra de las personalidades que con más ahínco ha defendido la nominación de León. «Antes de las Cortes de León de 1188, no había Cortes, ni en los reinos españoles ni en ninguna otra parte de la Europa cristiana, que -"en el siglo XII-" es tanto como decir Europa civilizada». En la obra Regnum. Corona y Cortes en Benavente , Fernando de Arvizu se pregunta cómo aparecieron en la Curia los ciudadanos. «Hay que acudir, como tantas veces, al sentido común, y pensar que lo que ocurrió entonces no fue sino el aprovechamiento político de un hecho casual», presume, y recuerda la hipótesis defendida por Laureano Díez Canseco: «El pueblo andaba alborotando a las puertas del claustro, pretendiendo hacerse oír, así que el rey ordenó que entrasen algunos, y dijesen lo que deseaban».

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¿Por qué un rey con esta magnitud desaparece de la historia? Para Rogelio Blanco, parte del oscurantismo que hay en torno a lo que las Cortes supusieron para el desarrollo del parlamentarismo se debe al hecho de que Alfonso IX fue un rey incómodo. «Fue un rey derrotado, que se negó a participar en las campañas contra los árabes, que no estuvo, por ejemplo, en las Navas de Tolosa y que fue excomulgado en dos ocasiones por el Papa». «Fue un monarca señero, heterodoxo y hereje de acuerdo con los parámetros de su época». defiende.