Crítica | marcelino cuevas
Del mundo de la pintura a la escultura sólo hay un pequeño paso
Zurdo se lanza a jugar con los volúmenes en Espacio Vías

Conrado Zurdo ante varias de sus obras.
En León hay innumerables escritos y poetas, muchos pintores y muy pocos escultores. Quizá la culpa sea de las autoridades que rigen los destinos de la provincia, ya que nunca han tenido demasiado interés en llenar los parques, plazas, jardines y calles de esculturas. Además, cuando han instalado alguna, enseguida hay surgido la polémica. Y esto viene sucediendo desde que, gracias a un concurso, la Diputación rindió homenaje a Guzmán el Bueno con el monumento que preside desde hace décadas su plaza de la capital.
Por eso ilusiona encontrarse con un nuevo escultor. En este caso un escultor que llega a las tres dimensiones directamente desde la pintura. Para el reconocido escultor Amancio González, «León ha perdido un buen pintor y ha ganado un estupendo escultor». Se llama Conrado Zurdo Álvarez y, efectivamente, es sobrino del gran pintor y vitralista del mismo apellido.
La herencia familiar siempre tiene algo que ver en el camino que uno toma, pero en este caso no ha sido una influencia fundamental. Conrado estudió Bellas Artes en Valencia y se dedica a impartir clases para ganarse la vida. Pero en lo más profundo late su alma de artista que le reclama un sitio en su quehacer diario. La exposición que estos días Conrado Zurdo presenta en el Espacio Vías la ha titulado Dibujos en el Aire, queriendo significar que esta es su primera incursión en las tres dimensiones y, también, dejar claro que sus esculturas contienen siempre una parte de policromía que las hace emparentar con su anterior actividad.
Cuenta el artista que estás obras han sido «una incursión en la escultura partiendo del dibujo, ya que mis dibujos poco a poco buscaban el volumen por sí mismos. Quizá la intención haya sido la de dibujar en el aire, como titulo la exposición. Mi base estética es la misma que empleo en el dibujo o la pintura». Las líneas que surcan las policromadas caras de sus esculturas, no son en ningún caso gratuitas, ayudan a dotar de volumen a las obras, integrándose perfectamente en las estructuras que produce el artista. Esculturas que vuelan, volúmenes que surgen de la tierra, como los árboles de las que nacieron, hasta llenar una porción espacial con mensajes llenos de belleza y optimismo. Es la obra de un escultor que comienza, pero que ya tiene tras de sí un importante bagaje pictórico que ha sabido integrar en esta nueva dimensión.
Un escultor joven y prometedor del que ya estamos deseando ver nuevos trabajos