Reportaje | marcelino cuevas

La madurez de Pelayo

El artista asturiano expone sus obras en la galería Ármaga

El artista asturiano Pelayo Ortega posa ante una de las obras que expone en León.

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León

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Pelayo Ortega es un artista que ha llegado a la madurez. Sus obras son cada vez más esquemáticas, más directas y, a la vez, están más llenas de contenido. El pintor asturiano presenta en Ármaga una interesante colección de sus últimas pinturas, cuadros en los que sobresalen el color y sabio empleo de la línea, que se convierte en el mejor vehículo de expresión del artista. Pelayo Ortega ha visitado León en varias ocasiones para mostrar sus obras. «Sí -comenta- esta es la segunda vez que expongo en esta galería. Pero en otras muchas ocasiones he participado en exposiciones colectivas, especialmente en galerías institucionales».

Dicen de Pelayo Ortega que es capaz de captar el instante, ese momento especial que significa un nuevo hito en la vida de cualquier persona. Pero ¿Cómo ha llegado a esta síntesis? «Creo que mi obra ha evolucionado de una manera coherente, nunca he dado saltos en el vacío, he tratado siempre de llegar a un grado máximo de depuración. Sin embargo he ido también simultaneado una obra muy cargada de materia y muy densa de contenidos. Quizá la característica más importante de la obra de los últimos tiempos es la tendencia hacia una cierta depuración con intenciones poéticas y alguna referencia mística».

1397124194 Paisajes urbanos. En buena parte de los cuadros que se pueden admirara en Ármaga aparecen esquemáticos paisajes urbanos. «Es algo -explica- que aparece y desparece de mí obra, como un Guadiana. El tema del paisaje urbano lo he tocado siempre, desde que empecé a pintar. Lo he ido planteando en cada etapa de mi trabajo de una forma diferente, con presupuestos formales distintos. Durante un tiempo han sido paisajes monocromáticos, inspirados en el clima del norte, pero en este momento aparecen de una manera más lumínica».

El pintor juega con los colores y las formas y en su juego acaba escapándose del plano para crear pequeños escenarios llenos de vida. «Esa es en este momento la parte más experimental de mi trabajo. Salir del plano del cuadro es algo que me interesa mucho. Es una clase de pintura integrada en el volumen que tiene mucho que ver con la escenografía, son pequeños escenarios donde se desarrolla un instante de vida. Es una línea de trabajo en la que apenas estoy entrando, he realizado algunas piezas, pero aún la he desarrollado plenamente». Pelayo Ortega controla el pulso de su mano, pero hay muchas ocasiones en las que el pincel parece volar libremente sobre el lienzo. «Yo creo -dice- que es importante que la mano trabaje de una forma fluida, que la relación entre lo que uno quiere decir y la inmediatez con la que se dice, funciones juntas. Es decir, hay que conceder cierta libertad para que el gesto plasme espontáneamente las impresiones, las sensaciones del pintor. Si fuese una pintura más controlada de gesto esto no se manifestaría. De todas las maneras, mi obra juega con planteamientos muy espontáneos, pero siempre sometidos a un control espacial, no es tirar la mano y que salga lo que quiera, sino que trabajo siempre con una idea muy precisa y sometida a un largo proceso de visualización y análisis. A veces resuelvo un cuadro en una sola sesión, pero posteriormente, para darlo de alta, lo someto a un examen muy exhaustivo».

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