El arte invisible del Musac
Dos años de trabajo, cientos de horas, decenas de operarios y 452.000 euros de presupuesto están detrás de las exposiciones que el museo inaugurará este sábado
Dos operarios colocan una de las obras de la exposición 'Desaparecidos' de Gervasio Sánchez
Es un trabajo 'invisible'. Las seis exposiciones que el Musac inaugurará el sábado llevan preparándose desde hace dos años. Ocurre igual con cada temporada expositiva. Nada se deja al azar. Cada proyecto conlleva cientos de horas, infinito papeleo, muchísimo personal y un presupuesto que, en el caso de la nueva oferta del centro de arte contemporáneo, se eleva a 452.000 euros. La cifra, que, en principio, puede parecer desorbitada, incluye no sólo el coste de la exposición, sino el transporte, montaje y desmontaje y un seguro que cubre hasta el más mínimo percance, denominado «de clavo a clavo» -desde que la obra sale de su lugar de procedencia, los traslados, la estancia en el museo y su retorno-.
«Todo está calculado», en ocasiones, al milímetro, asegura María Inés Rodríguez, conservadora jefe del Musac. En el museo que dirige Agustín Pérez Rubio el montaje de las exposiciones se hace por concurso. También el transporte. En León sólo hay una empresa (Artefacto) capaz de asumir el montaje de exposiciones tan complicadas como las que a menudo alberga el Musac. Cuando llega la hora de colocar las piezas, el personal especializado sabe, por plano, dónde tienen que hacer hasta el más mínimo agujero.
Que Gervasio Sánchez muestre su trabajo sobre desaparecidos de todo el mundo no es tan sencillo como colgar las fotografías en la pared. Aparte de que el artista lleva embarcado en el proyecto dos décadas y que la muestra que exhibirá en el museo se concertó hace cuatro, detrás hay infinidad de gestiones, de papeleo y de decisiones que los espectadores difícilmente percibirán. El artista africano Georges Adéagbo ha tenido que encargar a un artesano local un friso que evoca a San Isidoro. Y es sólo un detalle de esta abigarrada exposición, la primera que hace el artista en España.
Montar y desmontar. En las dos semanas que el museo cierra para renovar sus salas hay un ir y venir de gente frenético. Los plazos están ajustados: una semana para desmontar la exposición sobre Latinoamérica que ha estado en cartel los últimos seis meses y otras dos semanas para colocar las obras de la nueva temporada, que se prolonga hasta el 5 de junio. En quince días hay que levantar tabiques, tirar otros, pintar paredes, construir estructuras, convertir espacios grandes en otros más íntimos-¦ auténticas obras de arquitectura en tiempo récord. Lo que exija el 'guión' de cada exposición. Transformar por completo 4.000 metros cuadrados de salas. Por si fuera poco, las piezas de arte no siempre proceden de un único país y, a veces, es más rentable que un camión haga una única ruta por varios estados para traerlas todas. Un ejemplo: el parque infantil de Carla Zacagnini colocado en el exterior del museo desde hace meses, viajó a España desde Brasil en barco. Hay que traer decenas de obras hasta León, pero ni demasiado pronto -porque no hay donde almacenarlas y por los permisos de aduanas, que expiran en fechas concretas- ni demasiado tarde. Los quince días que preceden a cada inauguración el museo es un hervidero de gente. Electricistas, albañiles, transportistas, artistas, conservadores, grúas, elevadores, taladros... Además, ahora se trabaja bajo cero. Los 'muelles' de carga, con sus gigantescos portones, que el resto de los meses permanecen cerrados, son ahora un continuo tránsito de máquinas y de personal.
Y ocurre, como reconoce la conservadora jefe del Musac, que «no siempre las exposiciones más complejas son las que más gustan al público». Cada obra que entra en el museo es fotografiada y documentada antes de aceptar la entrega. No es la primera vez que al desembalar una obra se detectan daños. Entonces se decide con el artista y el propietario (museo o galería de procedencia), amén de con la compañía aseguradora, si la pieza se restaura o se construye de nuevo. El Musac, de momento, no ha sufrido robos, pero sí algún destrozo, generalmente, involuntario, que también se ha reparado. María Inés recuerda, como anécdota, que en la exposición del escultor Ugo Rondinone, en la que el artista había colocado tres mandarinas en una pieza, un anónimo sustituyó estas frutas por tres plátanos. Cada exposición es una aventura. Aunque todo parece cerrado, lo cierto es que el resultado final siempre varía con respecto a los bocetos, planos e incluso las recreaciones virtuales. Algunos artistas, al ver su exposición montada, reclaman cambios de última hora. Entonces, hay que negociar. Aclara María Inés Rodríguez que los artistas no suelen ser caprichosos, así que, si las modificaciones no están realmente justificadas, no se aceptan. «Se puede cambiar un detalle, pero no -por utilizar un símil cinematográfico- el argumento de la película». Quedan 48 horas para que se 'alce' el telón de la nueva temporada. El público dirá...