Julio Llamazares hace un guiño a Pereira en el libro -˜Tanta pasión para nada-™
El miércoles llega a las librerías esta obra, con relatos breves de los últimos 15 años

Portada del libro.
Cuenta el leonés Julio Llamazares (Vegamián, 1955) que la literatura que él escribe «está atravesada por una especie de visión escéptica de la vida». Esa mirada está presente en cada uno de los trece cuentos (o doce cuentos más una fábula) que integran Tanta pasión para nada (Alfaguara, 17 euros), su nuevo trabajo, que llegará a las librerías este miércoles y que reúne los relatos breves que ha creado en los últimos quince años, el tiempo que ha pasado desde la aparición de En mitad de ninguna parte, su primera antología del género. Su visión escéptica palpita en cada una de las narraciones que integran el volumen, historias donde se constata «que la vida es una pasión inútil, que vivir es una pasión inútil, que escribir es una pasión inútil y que todas las pasiones son inútiles al final, pero mientras duran nos permiten seguir viviendo». El título Tanta pasión para nada está tomado de la frase que cierra el primer relato que abre el libro, El penalti de Djukic. En él, tras varios encuentros con el ex futbolista, lo que le pudo pasar por la cabeza cuando el 14 de mayo de 1994 falló la pena máxima que hubiera convertido al Deportivo de La Coruña en campeón de Liga. El volumen que verá la luz este miércoles incluye algunos cuentos que ya se publicaron previamente, como el citado o como Mi tío Mario, que apareció primero por entregas en El País y luego en una recopilación titulada Cuentos de la isla del tesoro, así como otros que encontraron su sitio en periódicos o revistas, si bien más de la mitad de los que conforman el conjunto son inéditos.
A Pereira, con cariño. Tanta pasión para nada se abre con un par de páginas destinadas al lector, donde Llamazares rinde tributo a su paisano, tristemente fallecido, Antonio Pereira, al que define como «uno de los mejores autores de cuentos cortos que ha dado nuestra literatura última». «En España ha habido una larga tradición de escritores de cuentos: Pereira, Medardo Fraile, Ignacio Aldecoa, José María Merino-¦ Si cito a Pereira especialmente es, por un lado, porque le considero uno de los grandes cultivadores del género, no todo lo reconocido que debería, y por otro, porque le tomo prestada la broma del subtítulo Doce cuentos y una novela brasileña que puso a Los brazos de la i griega.