El invento del maligno
Rosas
Atentos, que llega la revolución rosa. Y no lo digo por lo que está usted pensando, sino por esa sentencia del Tribunal Supremo que desestima un recurso de Cayetano Martínez de Irujo, el linajudo caballista, contra la revista QMD . Como a usted se le habrá olvidado la historia, se la refresco: esa revista publicó unas fotos de la luna de miel del caballista, adornada con comentarios peyorativos; el caballista se querelló, perdió, recurrió y he aquí que el Supremo dice que no ha lugar. Pero lo más importante del asunto no es la sentencia -"bastante sensata-", sino una frase de su texto que dice así: «La prensa rosa tiene un componente informativo en el que prima la finalidad de entretenimiento, por lo que no es exigible una precisión absoluta en su información ni un especial esmero en la búsqueda de la trascendencia social de la noticia que transmite». ¡Cáspita! ¿Qué quiere decir «precisión absoluta» y «especial esmero»? ¿Tal vez que no es necesario decir exactamente la verdad? ¿O sea que es admisible mentir un poquito? ¿Y eso se justifica por el hecho de que la prensa rosa se dedique al entretenimiento, que es un «componente informativo»? Me parece que el Supremo se ha metido en un jardín del que todos vamos a salir llenos de espinas, empezando por el propio Tribunal. Yo creo entender lo que quiere decir el Supremo: si un personaje público se deja ver en una playa -"lugar público- en bañador y derramando michelines, y un paparazzi le pesca las mollas, el personaje en cuestión no tiene derecho a exigir intimidad ni que sus michelines sean denominados «acumulaciones adiposas sobre el oblicuo abdominal». Ahora bien, tal y como el Supremo expone la cosa, los mercaderes del género rosiamarillo no van a tardar ni un momento en utilizar la doctrina como coartada para sus excesos. Porque si se considera que lo que esta gente hace es «información de entretenimiento»-agárrame esa mosca por el rabo- y se le exime de la obligación de precisión, ¿quién estará en condiciones de elevar la menor queja contra los desmanes del telecotilleo? Estamos perdidos