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León

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Opinión | fernando pérez ruano

biógrafo de odón alonso

Hablar, en este caso escribir, del maestro Odón Alonso Ordás y hacer mención a los éxitos alcanzados por todo el mundo a lo largo de su dilatada carrera artística, a las condecoraciones y distinciones que le fueron concedidas tanto en España como en otros países, a los cargos de máxima responsabilidad musical y de gestión artística que desempeñó, a las orquestas de las que fue titular y de las muchas otras a las que dirigió en calidad de director invitado, a los numerosos escenarios en los que actuó, a sus numerosísimos estrenos y a sus también numerosas grabaciones, por no hacer de esta introducción algo interminable, es a la vez que obligado imposible de abordar en un artículo de prensa como éste y en estos momentos. Sus paisanos y amigos leoneses le conocían bien y muchos le siguieron sus pasos y fueron testigos de algunas de estas distinciones, como la que el Ayuntamiento de La Bañeza le hizo por sus relevantes méritos musicales así como por el prestigio que sus éxitos daban a la ciudad en la que nació (acuerdo que tomó el Pleno del Ayuntamiento en sesión extraordinaria del día siete de octubre de 1960), la concesión del nombre de una calle, la proclamación de Leonés del año 1979 como reconocimiento a sus relevantes méritos y su acción exaltadora de lo leonés, que sirven de estímulo y de orgullo para todos, concedido por Radio León E.A.J. 63, o ser el primer homenajeado de El Adelanto Bañezano con el nombramiento de Personaje Bañezano del año en su primera edición del año 2000.

Pero ¿cuál ha sido uno de los rasgos más característicos de la actividad artística del maestro Alonso? La respuesta es pronunciada por él mismo: «mi tarea preferida ha sido dar a conocer la música, conocerla yo mismo y encargarla, y eso la verdad es que lo he seguido haciendo hasta el día de hoy. Me he dado cuenta de que me gustaba Brahms como al primero y Tchaikovsky y Mahler, también lo hacía, pero quizá en este momento hay un desequilibrio y siento cosas que dejé de hacer del repertorio (que también era mi obligación y mi gusto) por estrenar, pero creía que un director tiene que hacer la música de su tiempo, de sus condiscípulos digamos, todos los que estudiaron conmigo, y la verdad es que estrené unos doscientos títulos. Estrené mucha música.»

Accedí al maestro Alonso -hará tres años en la próxima primavera- con motivo de mi tesis doctoral para la que contemplé las fuentes orales, que, a la postre, resultaron ser una valiosa aportación a la misma. Recuerdo de manera muy especial la conversación telefónica que mantuve con él y sobre todo la amabilidad no sólo con la que me atendió por teléfono sino las palabras con las que me citó en su domicilio: «bueno, pues vénganse usted por aquí y veremos en qué le puedo ayudar». No es necesario comentar el contenido de aquella llamada que consistió sencillamente en una presentación personal y una breve exposición del trabajo de investigación que estaba haciendo y mi solicitud de entrevistarle. Tengo que decir también que, efectivamente, la entrevista solicitada se llevó a cabo a los dos o tres días de aquella llamada y que cada vez que la recuerdo -y lo he hecho muchas veces desde entonces- descubro un nuevo detalle que contribuye a afianzar el cariño y admiración que desde aquella ocasión he venido sintiendo por el maestro Alonso. Desde entonces han sido muchas las veces que le he visitado, muchos los ratos que con él y con Gloria, su esposa, he compartido y por ello estoy en condiciones de afirmar que el maestro Alonso siempre fue un hombre de su tiempo, tanto en el terreno artístico y musical como en su parcela más personal. Fue un hombre preocupado por la realidad del día a día de nuestro país, de nuestra sociedad, de los acontecimientos que suceden en el mundo, de los vaivenes que la vida diaria ofrece sin reparos ni escrúpulos. Echaba de menos a grandes amigos como Julián Marías y Dionisio Ridruejo, entre otros muchos, y mantenía una increíble mezcla de pasión y curiosidad por la música y por la pintura de la que era un extraordinario aficionado documentado.

He mencionado antes la música, así, de modo general, y es que al maestro no sólo le interesó la música de su tiempo y la de hoy, o la música denominada de concierto o clásica, no, es que le interesaba todo y esto fue así siempre, basta con indagar un poco en el catálogo de obras que estrenó para confirmar esta realidad-¦

Igualmente figuran en su haber de estrenos, composiciones sinfónicas relacionadas estéticamente con el flamenco como Drama Jondo de Carlos Suriñach de 1970, Tablas para guitarra y orquesta de Antonio Ruiz-Pipó, encargo de RTVE en 1971, o Jondo , obra de Francisco Guerrero encargo de Radio Nacional de España en 1974. Género este del flamenco por el que también se sentía especialmente atraído, como así ha quedado puesto de manifiesto el hecho de que en el «Otoño Musical Soriano», festival que dirigía y del que fue creador en 1993, hayan intervenido cantaores de la talla de José Menese, Laura Vital o José Mercé y guitarristas como Enrique de Melchor, Manolo Sanlúcar, José Antonio Rodríguez o Paco de Lucía.

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Tras estas breves pinceladas del maestro por otros géneros musicales, me permito abordar por un momento y de manera breve un aspecto personal seguro de que los bañezanos en particular y lo leoneses en general coincidirán conmigo en que los grandes hombres no lo son exclusivamente por sus hazañas, méritos, aportaciones a la sociedad, o por su labor sobresaliente en aquello a lo que se dedicaron, sino por sus características personales y su calidad humana; y en este sentido, sus paisanos y amigos conocían bien que el maestro Alonso Ordás era sin duda uno de esos grandes hombres que supo asimilar el éxito profesional con el equilibrio personal latente en su hacer diario y en el trato con sus semejantes.