El rastro bibliográfico de León

La Biblioteca Virtual del Patrimonio ya permite consultar cientos de documentos de la historia de la provincia

Imagen de una de las páginas del Antifonario, que también puede consultarse en la red.

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cristina fanjul | león
León

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Se trata de un proyecto conjunto del Ministerio de Cultura y la Junta de Castilla y León cuyo objetivo es realizar un Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico. Éste formará parte de un proyecto nacional para hacer inventario de libros que destaquen por su antigüedad, riqueza o singularidad. El Ministerio trabaja en esta iniciativa desde hace más de veinte años y la mayor parte de los documentos que ya han sido inventariados datan de los siglos XV al XX, hasta el año 1958.

Uno de los objetivos de la iniciativa es la difusión mediante facsímiles digitales de colecciones de manuscritos y libros impresos. Esta iniciativa permitirá consultar sin restricciones fondos que, por sus características, resultan difícilmente accesibles. Tanto los manuscritos como los incunables y los impresos antiguos se han seleccionado por características tales como su rareza, su especial importancia bibliográfica, su representatividad o su relación con los fondos locales o históricos de determinadas procedencias como puede ser, por ejemplo, la colección de impresos de la Biblioteca Pública del Estado en León.

Entre los ejemplares leoneses únicos que ya han sido catalogados se encuentran algunos documentos perdidos. Es el caso de la Orden de los Reyes Católicos para tomar el castillo viejo de Ponferrada (año 1485), un manuscrito conservado en la Real Academia de la Historia en la colección del Marqués de San Román. Especialmente curioso resulta la Historia del monasterio de San Claudio de León, que data de 1620. Alejandro Valderas destaca que este documento fue consultado por Melchor Gaspar de Jovellanos. «Luego en 1930 el manuscrito fue publicado por el erudito leonés Eloy Díaz Jiménez y desapareció hasta que el catálogo lo redescubrió en la abadía de Silos, donde se encuentra en la actualidad», manifiesta.

También aparecen varios impresos que pueden ser considerados «raros». Es el caso del titulado Ferrocarril de Ponferrada a Villablino editado en 1919 por la Minero Siderúrgica de Ponferrada, del que tan sólo consta un ejemplar en la Biblioteca de Castilla y León, en Valladolid. Mención aparte merecen las polémicas de impresos, como la pugna entre los Ayuntamientos de Ponferrada y Villafranca del Vierzo (sic), para conseguir la capitalidad de la provincia del Bierzo en 1821. Este lucha por la capitalidad se documenta por tres folletos conservados exclusivamente en la Biblioteca Nacional de Madrid, la de la Real Academia de la Historia, y la Biblioteca Pública de Cádiz.

Alejandro Valderas también subraya aquellas obras literarias que por su exclusividad resultan de vital importancia. Así, apunta al primer libro del poeta astorgano Leopoldo Panero ( La estancia vacía 1944), del que sólo se conserva en un ejemplar, dedicado por el autor a Federico Muelas, y que hoy descansa en la Biblioteca Pública de Cuenca. Además, cabe reseñar los Estatutos de la Abadía de Arbas (1797), que alberga la Biblioteca Universitaria de Oviedo, los de San Isidoro de León (1673), en la Biblioteca Nacional de Madrid, y otro ejemplar con documentos manuscritos en el Archivo General de Navarra.

Valderas recuerda que el Gobierno Central empezó en la década de 1970 a catalogar los impresos más antiguos en un único catálogo y destaca que José María Fernández Catón dirigió en León la remisión a Madrid los importantes listados de impresos de los siglos XV al XVIII, conservados en la Biblioteca Pública de León. «De esta manera, se convirtió en una de las pioneras de este tema, jubilando los venerables inventarios de incunables españoles de Haebler, de 1900», apunta.

Informatización. Asimismo, resalta que la informatización de las bibliotecas -”proceso en el que también resultó pionera la Biblioteca Pública de León-” permitió revisar concienzudamente todo el fondo antiguo de las bibliotecas públicas españolas, creando el primer catálogo colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español. «Desde la década de 1990 este catálogo se viene ampliando sucesivamente, con la incorporación de las fichas de todo lo que se va localizando en diversas bibliotecas públicas y privadas», dice.

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Alejandro Valderas señala además que la ley de 1985 estableció que eran patrimonio -”y, por lo tanto, sus dueños estaban obligados a conservarlos y ponerlos al servicio de la comunidad-” todos los libros en manos privadas anteriores a 1900 o posteriores de los que no constasen tres ejemplares en bibliotecas públicas. De la provincia de León, el primer listado que se incluyó fue el de la Biblioteca Pública de León; luego entró el de la Biblioteca Berrueta de la Diputación Provincial (especializada en temas leoneses) y luego le han seguido otras como la de la Fundación Sierra Pambley y la del Seminario de León.