Un reto: superar la maldición de los pequeños festivales
El interés por el cine y los medios audiovisuales es grande en tierras leonesas, aunque en lo que respecta a la capital no es menos cierto que la escasez de certámenes no ha venido estando a la altura de esa afición, especialmente en lo que respecta a los pequeños festivales y a otras actividades surgidas de manera más espontánea y directamente de los propios aficionados, de la gente de a pie y no emanadas de las instituciones. Y esto ha sido así tanto por la general atonía de las asociaciones en los que a este arte respecta, como por el hecho de que, habitualmente, los certámenes hayan querido nacer con grandes miras y de la mano siempre de las instituciones, echándose de menos actividades más modestas pero novedosas y que constituyen el -˜humus-™ necesario para que nazcan más aficiones y talentos. El festival -˜48 horas-™ quiere suplir, pues, esa ausencia.
Y así, si exceptuamos el Festival de Cine Reino de León, del que este año se celebró su segunda edición, y el Festival Nacional de Cortometrajes de Astorga, plenamente consolidado en su ámbito, así como el de Ponferrada, hay que recordar que en el año 2004 se anunciaba a bombo y platillo un Festival de Realizadores Noveles que nunca llegaría a celebrarse (iba a entregar unos premios con forma de gallo de San Isidoro que se llamarían los isidoros ) y en enero del 2007 se celebró la única edición de un Festival de Cine Digital, interesante, y que concitó no poco público, pero que puso de manifesto cómo en León -”ciudad que fue de cineclubs y gran actividad en torno al Ateneo universitario-” habría, en principio, espacio para muchas más iniciativas relacionadas con el séptimo arte y las nuevas tecnologías audiovisuales.