televisión
Piratas
El invento del maligno. José Javier Esparza
B ueno, pues ya puede decirse que Piratas , la superficción de Telecinco protagonizada por Pilar Rubio, ha defraudado todas las expectativas. Se estrenó hace dos semanas con una cuota del 17,5% y casi 3,5 millones de espectadores, pero la semana pasada ya perdía casi un millón y se quedaba en un share del 12,5%. Los peores augurios se confirmaban este lunes cuando la serie bajaba aún más, al 12% (en torno a 2,3 millones de espectadores), y ello a pesar de que Telecinco, para proteger al producto, lo había envuelto en varias dosis de Supervivientes . Sentencia: será dificilísimo que Piratas remonte. Esto se veía venir desde el estreno, por la mala acogida del público. Los comentarios de los espectadores en twitter fueron despiadados: «Ayer vi piratas y se cumplieron mis previsiones: un truño brutal», decía uno; «A mí con cinco minutos me bastó y sobró para no volver a ver la serie Piratas», decía otro. Muchos la tomaban con la protagonista: «Pilar Rubio no triunfará como actriz jamás», vaticinaba un entendido, y otro apuñalaba: «La culpa de lo de Pilar Rubio la tiene Penélope Cruz por dar esperanza a las malas actrices». Y así sucesivamente. Los comentarios son bastante injustos, pero dan fe de la pésima reacción del público. La pregunta es por qué funciona tan bien Águila roja , cuyas hechuras no son muy distintas de las de Piratas, y por el contrario ésta ha decepcionado a público y crítica. A mí me parece que una de las causas del poco éxito de Piratas está en su enorme confusión ética. La gente está (estamos) acostumbrados a que los buenos sean buenos y los malos, malos, pero eso de que entre los buenos se alineen auténticos canallas y que entre los supuestos malos aparezcan dechados de virtud es algo que confunde un tanto. Ya sabemos todos que la moral va por barrios y que la virtud dista de ser un dibujo en blanco y negro, pero, oiga, es que no estamos hablando de una novela de tesis, sino de una primaria serie de televisión. Añadamos otra tacha: un exceso de parodia que hace imposible tomarse Piratas en serio. Lástima, ¿no?