Vida, muerte, vino, dioses y arqueología

El pintor leonés Manuel Jular expone sus últimas creaciones digitales en el Fornos.

El veterano artista Manuel Jular posa ante dos de sus obras.

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marcelino cuevas | león
León

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Manuel Jular vive en estos momentos una etapa singularmente creativa. Sorprende comprobar cómo el veterano pintor no cesa en su trabajo incansable. Después de su reciente exposición en la galería «Armaga», y mientras prepara una de grandes proporciones para el «Museo de León», Jular presenta en el «Fornos», del Barrio Romántico, una muestra de título interminable, en la que ofrece al visitante algunas de sus últimas creaciones digitales.

Sí, porque el autor a matrimoniado con el ordenador de una forma perfecta. Jular aporta toda su larga experiencia pictórica y el «aparato» le permite llegar a lugares creativos que de otra forma serían inaccesibles.

Además, del veterano artista ha emergido una línea literario-filosófica, comenzada con su sensacional cuaderno «Rambó» y que cada día se hace más fructífera. Explica Manolo Jular que las obras que muestra en el «Fornos», son «simples láminas que relatan lo pensado antelo arqueológico visto, y rellenan vacios de información, de adivinaciones, y en algunas ocasiones parecen proponer adivinanzas. Son láminas imposibles, entre los chispazos de brillantes especulaciones, lucidez pesimista y empanada mental. Láminas que fabulan entre mitologías, religiones y el peso destructivo del tiempo histórico. Yo diría: Láminas darwinianas».

El pintor también se dedica en los últimos tiempos a viajar incansablemente, tanto para escuchar conciertos muy especiales, en su última escapada buscaba los sonidos contemporáneos de Béla Bartók, como para recuperar los restos arqueológicos de Italia, especialmente de la isla de Sicilia. «Desde la belleza de los arquetipos helenos a las toperas de los primeros cristianos -explica- todo convive en ese mestizaje que me resulta tan querido. Pero sobre todo me he encontrado con la muerte y sus paisajes, el ritual de las cavernas e hipogeos y los juguetes que acompañaban al pasante hacia el más allá».

Comenta Manolo Jular a propósito de estos cuadros que «Técnicamente se apoyan en la copia de lo existente bajo la apariencia de las acuarelas o las temperas de los cuadernos de campo pintados reflexivamente por los arqueólogos. En ellos habita el romanticismo de la ruina».

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Pero para conocer en profundidad estas obras que hablan de religiones, de vida y muerte, del paso del hombre por los escenarios históricos de la antigüedad, hay que asistir y participar de la ceremonia del vino y la belleza que Jular propone en el «Fornos»