Entrevista | FRANCISCO VELASCO | MIEMBRO DEL GRUPO 'CANTAR DE CRINES'

«Más que escuchar música, con nosotros se reviven emociones»

A magostos, filandones y todo tipo de fiestas lleva su música Cantar de Crines. Un grupo que basa su labor en ser ‘generación puente’ entre quienes tienen «mucho que enseñar» y quienes tienen «mucho que aprender».

El músico y estudioso del folclore Francisco Velasco.

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E. Gancedo | León
León

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Con exposiciones de rabeles y otros instrumentos, actuaciones musicales y conciertos didácticos, la labor de Cantar de Crines en pro de la cultura leonesa crece y se afianza: buena prueba de ello es el éxito de su Himno del Pendonero que ya comienza a cantarse en fiestas y concentraciones de estas enseñas.

—¿Cuándo y cómo comenzó a fraguarse la aventura de Cantar de Crines?

—Bueno, yo llevo más de 25 años estudiando el folclore y las tradiciones leonesas y peninsulares, aunque lo que realmente me embrujó fue un instrumento muy especial, el rabel. Después de diez años de profundo estudio del mismo me surgió la necesidad de devolver a nuestras gentes todo lo que me habían enseñado. Se lo propuse a Nieves y aquí estamos, con el rabel, la hoz, la azada, el mortero y el almirez, la taja, las cucharas.... todos ellos instrumentos populares de cocina y de labor.

—¿Tu faceta de coleccionista de instrumentos ha corrido pareja a tu actividad como músico?

—No me gusta mucho la palabra colección, prefiero decir que tengo muchos instrumentos a los que le intento dar uso. Todos ellos tienen vida propia y si no, se la damos. Después de tanto tiempo de trabajo una de las cosas que más me asombran es la sencillez con la que nuestros antepasados eran capaces de hacer música. Es verdad que con el rabel llegué a convertirme en artesano y constructor, lo tañía, me llenaba, y fui recopilando por toda la Península información sobre rabeles hasta conseguir una colección que es considerada entre las más importantes de este instrumento por su valor etnográfico.

—¿Y cómo influyeron la una en la otra?

—Ambas entraron en mi vida sin pedir permiso. Ambas se quedaron y ambas alcanzaron la misma importancia en la medida en que se complementan. Te pongo un ejemplo: alguien está cavando su huerta o su viña, en su descanso le apetece cantar un canción y sólo tiene una azada y dos piedras; bien, marca un ritmo y canta, y se olvida del resto de la viña. ¿Qué lleva a qué?

—¿De dónde extraéis vuestros temas: recogida directa de informantes, cancioneros, otros grupos...?

1397058884Cualquiera de las posibilidades es buena. Tenemos grandes y emblemáticos grupos en León, con gran autoridad dentro del folclore. Y existen estudiosos que han recopilado cientos de temas concretados en un cancionero, labor magnífica. Pero nuestra más común fuente de información es el trabajo de campo: nuestros mayores. Somos afortunados al ser una generación puente entre otras dos muy diferentes. A una le queda mucho por enseñarnos y a otra mucho por aprender. Mientras Cantar de Crines continué su labor, los mayores estarán lo mejor representados posible.

—¿Cómo notáis la recepción por parte de la gente?

—Debo reconocer que me asombra. Unos vuelven a revivir tiempos pretéritos, viven ‘estados de emoción’ más que escuchar música. Para nosotros eso es una gran satisfacción. Te contaré una curiosidad: en los más de treinta conciertos de estos últimos meses, en todos, siempre alguien ha llorado de emoción. Es nuestro mayor orgullo y mayor retribución.

—¿Qué temas triunfan más?

—En nuestro repertorio incluimos romances, jotas, gañaderas, brañeras, incluso literatura de cordel. En general, todo nuestro repertorio es aplaudido.

—¿De qué pueblos sois o a cuáles estais más unidos?

—Mi pueblo natal es Toreno y el de Nieves es Madrid. En mi caso me une el amor por mi tierra, por el Bierzo, por León, por mi patria chica. Y en nuestra relación de matrimonio de más de 23 años, Nieves se ha volcado con las tradiciones leonesas, con la gastronomía (ya no sabe hacer el caldo sin unto), la música y el carácter de este pueblo.

—¿Y el ya famoso ‘Himno del Pendonero’, cómo nació?

—Ambos nos preocupamos especialmente por esta tradición; por ejemplo, recuperamos el pendón de Tombrio de Abajo, que había desaparecido, y que ahora vuelve a salir por las calles. El sentir de los pendoneros, de esa familia tan especial, bien merece un himno del que carecían, que ensalzara sus virtudes y vivencias. Así nació este himno que ahora se canta en todas las concentraciones junto al himno a León. Hemos renunciado a los derechos de autor con el fin de que sea un elemento de unión entre pueblos, amigos y pendoneros. Esperamos que pronto se olviden de quién lo compuso, del cedé que ahora está ya en la calle, etc… y pase a propiedad exclusiva del pueblo.

—¿Qué objetivos os marcáis ahora, a corto plazo?

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—Nos queda un año duro por delante, en la medida en que vamos a tener que compaginar nuestras conciertos con los estudios de campo; son muchas la peticiones que llegan al Instituto Leonés de Antropología y Desarrollo Rural, que subvencionan buena parte del coste de las actuaciones. Pero nuestro norte no se ha perdido a pesar de estos dulces momentos; seguiremos estudiando, conociendo nuestras tradiciones, nuestras gentes, nuestro León, para poder enseñárselo los jóvenes. También está ya en marcha un nuevo trabajo discográfico con la grabación de catorce temas. Seguiremos impartiendo charlas, coloquios, seminarios... acudiendo allá donde nos llamen en defensa de la cultura popular.