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León

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El invento del maligno josé javier esparza

Telecinco está intentando lavarse la cara a toda velocidad. Lo último ha sido el cierre de Vuélveme loca , ese singular magacín de frivolidades al que la cadena había confiado la apertura del ‘prime time’ diario y la tarde de los domingos. Naturalmente, si se cierra Vuélveme loca y no Sálvame es porque el primer programa estaba teniendo unas cifras de audiencia perfectamente prescindibles (en torno al 8%); a Telecinco no le va a costar lo más mínimo eliminarlo de la parrilla y esperemos que, al menos, la cadena tenga el pundonor de no dejar en la calle a los treinta y tantos profesionales que trabajaban ahí, muchos de ellos náufragos de Enemigos íntimos .

Ahora la pregunta es: ¿Por qué se está lavando la cara Telecinco? Y la respuesta tiene que ver con el dinero, como no podía ser de otro modo. Después del hundimiento de La Noria por la deserción generalizada de las casas comerciales, Telecinco se ha encontrado con un problema imprevisto: el carácter indecente de su ‘parrilla’ ya no es necesariamente una fuente de dinero, sino que también puede convertirse en una fuente de ruina.

Eso ha ido a pasar en un momento especialmente delicado; un momento en el que la absorción de Cuatro por Telecinco y de La Sexta por Antena 3 ha creado de hecho un insólito oligopolio publicitario. Y, claro, si ya de por sí es difícil defender el oligopolio, mucho más lo es cuando se sustenta sobre la indecencia hecha programación. Aquí hay dos problemas distintos: uno, los esfuerzos de Telecinco por parecer ahora lo que hace mucho tiempo que no es; el otro, la situación del mercado publicitario, donde alguien tendrá que meter mano más pronto que tarde, porque ahora mismo estamos a un paso de que todos los tribunales de competencia españoles, europeos, planetarios y extraterrestres nos den un capón por oficializar el caciquismo publicitario.

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El primer problema quizá nos lleve a que Telecinco se civilice, y eso será una buena noticia. Pero el segundo debería ser una prioridad de los organismos reguladores. Hagan lo que hagan los grandes saurios de la publicidad.