Las cicatrices de Leonard Cohen
El artista publica el próximo 31 de enero el disco ‘Old ideas’, un trabajo filosófico y musical en el que reflexiona sobre el amor, el sexo, la muerte y, como siempre, sobre su relación con Dios.
Leonard Cohen durante uno de sus conciertos.
El pasado 21 de octubre, el Teatro Campoamor de Oviedo quedó bañado por las lágrimas de los asistentes a la ceremonia de entrega de la XXXI edición de los Premios Príncipes de Asturias. El responsable fue un señor de 77 años que conquistó al público allí congregado con su elegancia y su buen humor, pero, por encima de todo, con su calidez humana. Si de Dylan dijo el jurado que concede esos galardones que fue el «faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo», de Cohen subrayó que es el autor de «una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo, a través de la creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden en un valor inalterable». No es probable que ni uno ni otro ganen un día el premio Nobel de Literatura, pese a las legiones que hacen campaña en defensa de sus méritos respectivos, pero la admiración que se les profesa en todo el mundo deja eso en un plano secundario.
Tratado filosófico . Cohen goza de una serenidad que nace de la combinación de un talento innato y las cicatrices que ha dejado en su alma ese sabio anciano llamado tiempo. Poco a estas alturas debe sorprenderle y lo que ahora le toca es transmitir algo de lo mucho aprendido a través de sus poesías y canciones. Es precisamente eso lo que hace en Old Ideas , su nuevo álbum de estudio, que sale a la venta el 31 de enero.
Distribuido por Columbia Records, sello perteneciente a Sony Music y al cual Cohen es fiel desde 1967, Old ideas constituye un espacio para la reflexión sobre los temas alrededor de los cuales gira la existencia del ser humano desde que este pisó por primera vez la Tierra. El amor, el sexo, el sentimiento de pérdida, la relación con la divinidad y la muerte son los ejes sobre los que pivotan los diez temas que integran el álbum, de profundo carácter espiritual. Un disco que Cohen comenzó a grabar en enero de 2011 a partir de canciones y textos que habían ido madurando a lo largo de los años precedentes —de ahí también lo de Old ideas— . De hecho, las primeras versiones de dos de los temas que integran este trabajo, Amen y Lullaby , se remontan a 2007, y tanto esa última canción como The Darkness pudieron escucharse durante la última gira del artista canadiense.
Going home es el encargado de abrir este tratado filosófico pergeñado por un hombre empeñado en expresar a través «de los estrictos cánones de la dignidad y la belleza» la «gran derrota que nos espera a todos», según remarcó con motivo de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Sumido en un diálogo con Dios, quien le espeta « Leonard, lazy bastard (Leonard, bastardo perezoso )», el artista ofrece su manual para convivir con la derrota, en el que el sarcasmo, la ironía, el amor y el dolor son ingredientes esenciales.
Toma el testigo Amen , un prolongado y descarnado intento por calmar el dolor de la existencia imbuido de melancólicos tintes de corrido mexicano y country que se levanta como la perfecta banda sonora para los desolados parajes retratados por el mejor Cormac McCarthy. Recita entonces Cohen los versos de Show me the place , un tema de perfecta contención, de ritmos lentos y evocaciones celtas mezcladas con coros gospel que ornamentan la interrogación sobre el lugar en el que «empezó el sufrimiento».