Hijos de la Vieja Negrilla
Amancio González expone en Ármaga sus últimas esculturas.
El escultor leonés Amancio González junto a una de sus obras.
Amancio González es uno de esos afortunados artistas que han conseguido crear un lenguaje propio. Su personalidad se manifiesta con enorme fuerza en cada una de sus obras. Buena muestra de ello es la impresión recibida por una niña, no más de seis años, que cuando vio ayer desde las calle las esculturas que el artista presenta en Ármaga, le dijo a su familia: «mira son igual que el hombre del Santo Domingo». Se refería, claro está, a la cocida Vieja Negrilla, que primero en un material frágil y ahora en duradero bronce, ocupa una acera de la más céntrica de las plazas de la capital leonesa. Amancio ha logrado una forma de expresión personal e intransferible a través de la que se le identifica fácilmente.
Desde su estudio de Lorenzana se ha traído Amancio a León un resumen de su trabajo en el pasado año. Una colección de seres fantásticos que surgen de la madera, el alabastro, el bronce o el hierro. El artista diversifica cada vez más los materiales que emplea en la realización de sus obras, unos trabajos que recuerdan siempre las esculturas que para espacios públicos ha realizado. «No hay diferencia entre unas y otras -dice- porque cualquiera de estas esculturas se podría trasladar a tamaños más grandes sin que perdiera ninguna de sus características. Yo interpreto de la misma manera una obra de pequeño formato que una gran escultura para un lugar público».
Lo humano y lo geométrico
Amancio comenta que su forma de entender en este momento la escultura, después de su paso por el realismo de los bronces que ha dedicado a los principales escritores leoneses contemporáneos, «se basa en los mismos personajes que le acompañan desde hace ya bastante tiempo. Hay quien encuentra en ellos algún tipo de simbología, pero a mí me preocupa más la construcción material de la escultura. Utilizo la figura humana como un elemento más dentro de la composición. En todas mis obras se conjugan lo humano y lo geométrico, dos mundo opuestos que pienso que de alguna manera se complementan. En esta exposición queda patente ese juego. Está lo humano como elemento orgánico que otorga su proporción a la obra, y lo geométrico que le sirve de morada».
También figura en la muestra una interesante colección de dibujos, algunos trasladados a planchas de acero con una sugerente iluminación que los convierte en piezas muy especiales. «Son -explica-serigrafías realizadas sobre dibujos que en su momento realicé para ilustrar algunos libros, especialmente de poesía, como los de Luis Miguel Rabanal o Juan Carlos Pajares». «Creo que cada una de mis esculturas esconde un profundo sentimiento que intento transmitir. Utilizo mi iconografía como trampa para atrapar al espectador, para que a partir de ahí reciba sensaciones que son muy difíciles de explicar con palabras. Hay que ponerse delante de las obras y establecer con ellas un diálogo que enriquezca tanto al autor como al que la contempla. Detrás de cada forma hay un misterio que surge de la intuición. En ese mundo estoy».
Lugar: galería Ármaga. Calle Alfonso V, 6.
Horario: de lunes a viernes, de 12.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00.