La entrega del Cervantes celebra la «antipoesía» del «rupturista» Parra
A la ceremonia, una de las más breves de la historia, no acudió el premiado ni el Rey .

Parra, de 97 años, en su domicilio de Chile
No estuvo Nicanor Parra en Alcalá de Henares, pero brilló su espíritu transgresor, iconoclasta e irreverente, capaz de convertir a Miguel de Cervantes Saavedra en el «amigo Zerbantes». El Príncipe de Asturias, en representación de su padre el Rey, agradeció y elogió ese espíritu provocador y lúdico, inherente a la poética y el talante de Parra. Don Felipe presidió una atípica ceremonia de entrega del Cervantes, por lo común solemne, trasmutada este 23 de abril en juego de palabras y prestidigitación poética por mor de un Parra ausente pero muy presente en el paraninfo complutense.
Un «antipoeta» cuyo transgresor espíritu fue también alabado por el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, y cuya corrosiva voz reverberó en la de su nieto, Gabriel Ugarte, Tololo para los suyos, un adolescente de 19 años que, embutido en el preceptivo protocolario chaqué que exige el protocolo, afrontó con cierta soltura la responsabilidad de representar a su abuelo.
Nicanor Parra es un «francotirador» de la creación, el padre de la ‘antipoesía’, a quien sus 97 abriles impidieron viajar a la patria chica de Cervantes. Él no cruzó el charco, pero sí su irreverencia y su cáustico sarcasmo, filtrado y modulado por su nieto en un «antidiscurso» construido con algunas ideas singulares y buen puñado de ‘antipoemas». Un ‘no discurso’ sin precedentes en cuyos primeros compases el casi centenario ganador del Cervantes se tomó al liberad de advertir que «los premios son para los espíritus libres y los amigos del jurado», ganándose en ausencia la primera carcajada de la concurrencia y un sonoro aplauso. Fue una de las ceremonias más ágiles y menos envaradas de cuantas se recuerdan en los casi 40 años de historia del premio Cervantes. A la ausencia del convaleciente Rey Juan Carlos y a la del galardonado, cuya avanzada edad y delicada salud aconsejaron no volar durante más de 12 horas, se sumó la de otros predecesores en la gloria del Cervantes —no hubo ni uno— y la de colegas de pluma. Y es que hubo académicos —Blecua, Bosque— y políticos —encabezados por el presidente Rajoy, obligados a asistir por el cargo, pero los escritores y poetas se contaron con los dedos de una mano. Así las cosas, la asistencia más llamativa fue la de Patti Smith, mito vivo del rock, admiradora de la «rebelde humanidad» de la poesía de Nicanor Parra.
Pasaron apenas cuarenta minutos desde que don Felipe de Borbón, acompañado por una doña Letizia muy, muy seria, abrió la sesión académica, entregó al nieto de Parra el diploma y la medalla del Cervantes —merecido «por toda una vida dedicada a la poesía, a crear y a investigar nuevos lenguajes poéticos»— y la dio por clausurada. Menos de tres cuartos de hora que dieron de sí para que tomaran la palabra el nieto del galardonado, el propio Príncipe de Asturias y el ministro Wert, que, como don Felipe, trazó un elogioso panegírico del raro «francotirador» y creador de la «antipoesía».
Y así, el nieto de Parra trasladó la insólita petición de su abuelo, que reclama «un mínimo de una año» para poder «perigueñar» un discurso «medianamente plausible», convencido como está de que «Don Quijote no cabe en un fin de semana». El joven Tololo encadenó reflexiones de su abuelo y buen puñado de «poemas y antipoemas», es especial aquellos en los que se alude al ingenioso Hidalgo manchego y sus alocadas aventuras.