El ‘Da Vinci de Navia’ planta sus gigantes en León

El polifacético artista Juan Méjica instala en Eras siete colosos ‘ibéricos’ de acero .

El colosal tejo, instalado en Eras de Renueva, obra en la que el artista Juan Méjica evoca el árbol sagrado de los celtas.

León

Creado:

Actualizado:

Tan colosal como Botero y tan ‘sencillo’ como Miró. El artista asturiano Juan Méjica ha plantado en Eras de Renueva siete gigantes de acero y cobre. Son los que cabían en un trailer, porque la serie completa -titulada Españeciendo- es aún mayor. Miden entre dos y cuatro metros y pesan entre dos y cinco toneladas.

Las siete esculturas monumentales llevan desde el 2010 viajando por España, desde Málaga a Granada, Cáceres, Cádiz o Tarragona. León es la escala 14 de esta exposición trashumante. Es la primera de esta envergadura que se ubica al aire libre en la ciudad. Venían de Burgos y se quedarán hasta el 15 de septiembre.

Méjica quería emular a La Barraca, el proyecto de García Lorca para llevar el teatro de pueblo en pueblo. «Mi idea es llevar la escultura contemporánea al encuentro con la ciudad. Creo que el arte contemporáneo puede dialogar con las personas y el entorno», dice. «Las esculturas están pensadas para que la gente las toque y se suba a ellas». Y aclara que «no manchan».

Sus colosos representan seres de la mitología hispánica. Sostiene Méjica que «el arte está en decadencia desde la Prehistoria». Quizá por ello, sus esculturas establecen un vínculo sutil con los primitivos artistas.

Los siete colosos

«Mi iconografía», explica Méjica, «es muy española, muy asturiana y muy universal». El conjunto escultórico instalado frente al Auditorio, un lugar que le encanta al creador asturiano «por la proximidad con San Marcos y el Musac», lo integran: Mujer Solar , que evoca la cultura megalítica; Caballo Ibérico, motivo recurrente en su obra; el Asturcón, corcel con el que los astures vencieron a las legiones romanas; Barco Arenisco, que parece una madreña con su arboladura de tres picos y réplica ‘en pequeño’ de la que se levanta en la desembocadura del Nalón; Gran Toro de España, el primitivo uro que identifica al pueblo español; Cabeza-Totem, que invoca el rito celta de cortar las cabezas de los enemigos y encastrarlas; y El Tejo, el árbol sagrado de los celtas.

Méjica, apodado el ‘Da Vinci de Navia’, porque este polifacético artista es también profesor de Derecho Civil en la Universidad de Oviedo, letrado de la Administración del Estado, está considerado una autoridad en Derecho sanitario, es geógrafo, paisajista, poeta... diseñador de grandes conjuntos esculturales en espacios públicos, como sus Puentes Mágico s, que ha expuesto recientemente en Noruega -y pueden verse en Youtube- o sus Parques Didácticos.

Un artista hiperactivo

«Cuando me muera», se justifica, «me quedan siglos de aburrimiento». Esto explica su hiperactividad en tantas disciplinas. De hecho, su trayectoria artística ha dado pie a una docena de monografías.

Méjica que ha exhibido sus obras en Francia, Suiza, Bélgica, Alemania, Países Bajos y Estados Unidos, recala en León con sus siete colosos y una exposición paralela que se abrirá el 17 de julio en el Auditorio, con nueve esculturas en pequeño formato, cerámica, pinturas, murales, joyas... distintos lenguajes artísticos que participan de una misma iconografía y una visión que integra conceptos como arte, economía o medioambiente, en la línea de César Manrique.

Su arte, en el que siempre está presente lo mítico y simbólico, discurre entre el ‘primitivismo’ o esquematismo y el Neocubismo y lo que él define como «ojocentrismo», que representa «la sabiduría y la constelación en torno a la cual gira la Humanidad».

Creación industrial

Detrás de las megalíticas esculturas plantadas en Eras de Renueva hay un complejo proceso industrial. «Primero creo los bocetos, después realizo las esculturas en pequeño formato. Posteriormente, con un proceso informático y gran maquinaria, las piezas de acero se cortan y ‘modelan’. También hay trabajo de calderería, soldaje, romar las obras... y el granallado, para que tengan un color uniforme y no manchen. Hay mucha mano de obra detrás de cada escultura», explica Méjica, que concibe el arte «como algo mágico».

Cargando contenidos...

Afirma el artista asturiano que tiene «un compromiso cívico de acercar las esculturas a los ciudadanos», convencido de que el arte debe estar próximo a la gente. De ahí su insistencia en que los espectadores ‘manoseen’ las piezas.