Los ‘intrusos’ de San Isidoro
La última rehabilitación ha sacado a la luz las marcas de las restauraciones modernas de Torbado y Menéndez Pidal y las etapas de Urraca, Alfonso VII y Fernando I.
Toro de Seoane en la Puerta del Cordero.
Hace cuatro años la restauración realizada por los arquitectos Carlos Sexmilo y Ramón Cañas sacó a la luz las marcas de las restauraciones que realizaron Juan Crisóstomo Torbado y Luis Menéndez Pidal y que la suciedad había mantenido ocultas hasta entonces. La limpieza destapó rastros antiguos junto a trazas de anteriores restauraciones, delatando emplastos en capiteles y muros, arreglos efectuados en los arcos polilobulados del Crucero o las marcas de cantero. Desde entonces todo el que visita San Isidoro tiene la oportunidad de comprobar las etapas que el monumento ha ido atravesando: la de Urraca, Alfonso VII o Fernando I. Los arquitectos incluso desarrollaron un modelo tridimensional del templo en colaboración con especialistas de la Universidad de Valladolid, para tener una base sobre la que trabajar. Así, se descubrió que la iglesia tiene fases superpuestas desde el siglo XI hasta casi la actualidad.
El historiador del arte, Gerardo Boto, explicaba con motivo del descubrimiento del claustro románico de Palamós que el hecho de que un edificio medieval tenga piezas contemporáneas no quiere decir que sea falso y ponía como ejemplo San Isidoro. Y es que muchas de las piezas que hoy ya forman parte del organismo isidoriano fueron ‘parches’ realizados con el fin de camuflar las heridas que la francesada o el fuego produjeron en el organismo de la Colegiata.
Juan Crisóstomo Torbado y Menéndez Pidal han sido dos de los pilares de la rehabilitación de la basílica. El comportamiento de Torbado —que se encargó de la restauración del templo en las primeras décadas del siglo pasado— puede calificarse de vanguardista, en el sentido de que, si bien completó muchos de los vanos de la piel del templo, tuvo la lucidez de respetar la autenticidad histórica del edificio. Para ello, marcó con tres símbolos diferentes de cantería todos aquellos lugares ‘víctimas de la restauración’: su marca sencilla es la señal de que ese lugar se rellenó con piedra de reposición, mientras que la marca atravesada por una ‘I’ explica que en aquel lugar la restauración se realizó con piedra reutilizada del propio monumento. Por último, la marca con una ‘E’ era el símbolo que demostraba que las piezas llegaban del Esla, en su gran mayoría procedentes del monasterio de Sandoval. Otro de los ‘intrusos’ que pueden verse en el templo son las líneas rojas con las que Torbado marcó los encuentros entre las fases constructivas. Además, el arquitecto repuso los polilobulados y los reconstruyó en yeso, así como las bóvedas, que rehizo en ladrillo.
Asimismo, Juan Crisóstomo Torbado cubrió las paredes de la iglesia de un pigmento verde con el fin de igualar el color oscuro que el efecto de la suciedad y el humo habían provocado en el edificio.
También contemporáneos son cuatro de los ángeles de piedra que pueden verse en la cabecera y que fueron obra de Julio del Campo o de su taller.
Menéndez Pidal también dejó su legado en la basílica. De hecho, la fachada del templo es deudora de las labores de reposición realizadas por Andrés Seoane, el escultor gallego que trabajó con éste y que en León dejó además el San Jorge de Botines, por ejemplo.
Seoane y Menéndez Pidal decidieron reponer gran parte de los elementos de la fachada que habían quedado huérfano, como los remates de los contrafuertes de la portada. En este caso, resultan sorprendentes las recreaciones de leones y corderos que Seone realizó y que son fácilmente reconocibles por cuanto se trata de los únicos cuyas líneas están perfectamente definidas.
Los mismo puede decirse de los taqueados de las molduras y de todos los canecillos que aparecen en la puerta del Perdón. Sorprendente resulta el toro en la Puerta del Cordero, que es una recreación realizada por Seoane a partir del que aparece en el zodiaco superior.
Ramón Cañas destaca que durante la restauración apareció un resto de piso de uso exterior que podría ser un resto de calle de la época de Urraca. Asimismo, las obras de rehabilitación sacaron a la luz las señales de un antiguo muro a la derecha de la Puerta del Cordero que habría tenido como uso cerrar la iglesia hasta la muralla y que podría ser parte de un espacio monástico o palatino. En ese mismo lugar apareció una especie de trinchera que pudo usarse durante la guerra de Independencia.