Publicado por
yolanda veiga
León

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Cuenta Matías Prats que en los años de fútbol y radio de su padre, cuando los jugadores no llevaban dorsal sino un número pintado que se emborronaba con el barro y la lluvia, había dos futbolistas búlgaros que eran gemelos, pero fácilmente diferenciables: «Usted les distinguirá porque uno de ellos tiene una escasa frondosidad pilosa». Se conoce que le daba apuro llamarle calvo.. El último triunfo de la Eurocopa (tenían razón en Telecinco: ‘No hay dos sin tres’) nos ha permitido asistir a otro nuevo espectáculo de poderío tecnológico. Los comentaristas lo tienen más fácil de lo que lo tenía el gran Matías. Hoy gozan de acceso a los datos de posesión de balón, al número de goles de cada jugador, incluso al zapato que calza la novia de Llorente o de Piqué (estas cosas las cuelan entre los anuncios de pizza que también hacen estos chicos para todo). En Telecinco han puesto a un auténtico ejército a narrar la Eurocopa, todos uniformados menos Sara Carbonero, no vaya a pasar desapercibida. No lo ha hecho, claro que nada ha tenido que ver con no llevar el polo corporativo. Volviendo a Matías Prats... Él no tenía ordenador, él lo llevaba incorporado. «Tenía un mochillón en la cabeza, tiraba de archivo cerebral», da fe su hijo. Y tampoco tenía un jefe que le dijera por el pinganillo: «Oye, que Iniesta ha tirado el segundo penalti, pero bueno, tú disimula y tira de la pregunta comodín ‘¿a quién dedicas esta victoria?’»

El histórico locutor habría gozado enormemente con las gestas de ‘La Roja’, pero jamás se habría atrevido a despedir una conexión con un ‘viva la madre que te parió’ ni a preguntar al otro si se va a casar de penalti. A los comentaristas de hoy les sobra exhibición del entusiasmo. No sé quién les habrá dicho que escucharles vociferar durante 90 minutos (120 o más si hay prórroga y penaltis) suena a música celestial a los de casa. Pues no, puede resultar excesivo. Por no hablar de que te están viendo (y escuchando) 15 ó 20 millones de españoles, que están igualmente contentos y gritan ‘viva la madre que te parió’ y cosas que suenan mucho más fuertes, pero en el bar. Ellos lo hacen en la tele y no debería ser lo mismo.

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