El ladrón del Códice Calixtino sólo confiesa: «No lo sé, no me acuerdo»
La Policía cree que lo robó por venganza, al ser despedido y no cobrar 40.000 euros.
El Códice Calixtino se muestra ya en la Catedral.
Manuel Fernández Castiñeiras, el electricista detenido como presunto autor material del robo del Códice Calixtino en la catedral de Santiago de Compostela, ha guardado silencio desde que fue arrestado el martes y se ha limitado a decir a la Policía: «No lo sé, no me acuerdo». Así lo reveló ayer el comisario Serafín Castro, que considera que el robo de la pieza se debe «probablemente» a un afán de «venganza» por parte del electricista, que había sido despedido de la catedral y reclamaba a la Iglesia una indemnización de 40.000 euros. De momento, la Policía no ha podido determinar el origen de los 1,1 millones de euros que escondía el detenido en varias viviendas, además de 30.000 dólares en billetes pequeños e incluso antiguas pesetas, aunque tampoco se descarta que procediera de pequeños robos cometidos en la propia catedral. De hecho, se han encontrado tres diarios del detenido en los que se sospecha que puede contar sus andanzas.
Lo que no parece probable es que el arrestado mantuviera contactos con traficantes de obras de arte para intentar vender la pieza. Los investigadores creen que el robo se produjo exactamente hace un año ya que en las cámaras de seguridad puede verse al detenido salir de la catedral con una chaqueta algo más larga de lo normal y con la apariencia de que oculta algo bajo la prenda.
El detenido llevaba una vida monótona y de costumbres extrañas, y asistía a misa cada mañana a la catedral de Santiago, medio escondido en una de las capillas, según ha relatado el responsable policial.
«Es un hombre de carácter cerrado, oscuro, gallego», ha ironizado el comisario Castro, también nacido en Galicia, que ha afirmado que el ladrón tenía unas costumbres algo «rarillas» y acumulaba el dinero para guardarlo «debajo del ladrillo, como todos los gallegos». Además del dinero y de los facsímiles del códice, en los últimos años Manuel Fernández había adquirido varias viviendas «a tocateja».