Los pliegos se airean en la Red

Joaquín Díaz suscribe con la Biblioteca de Castilla y León un acuerdo para . digitalizar las más de seis mil hojas de cordel que atesora, muchas de ellos de León.

Detalle del pliego que se refiere al labrador de León presa de la usura y del milagro que le aconteció.

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cristina fanjul | león
León

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Dice Blas Matamoro que la literatura de cordel es la expresión del gusto popular, y destaca que este tipo de producción impresa permite formarse una idea exacta de lo popular.

Vendidos por los ciegos, los pliegos del cordel eran de reducido tamaño (siempre tenían menos de cuarenta páginas) y de escaso precio, puesto que estaban destinados a un público carente de recursos.

La semana pasada, la Fundación Joaquín Díaz firmaba un convenio con la Biblioteca Digital de Castilla y León con el objetivo de digitalizar los cerca de seis mil documentos que atesora este organismo. La importancia de la empresa no es baladí y es que en los últimos años, la Fundación ha recibido alrededor de seis millones de visitas. En el museo se pueden contemplar unas doscientas coplas, romances y documentos, fundamentalmente de los siglos XIX y XX, colocados en once paneles siguiendo las temáticas más frecuentes: aventuras, crímenes, religión y superstición o sucesos.

Destaca el etnógrafo que resulta más que complicado determinar cuántos de todos ellos corresponden a León. La razón es triple. Para empezar porque hay algunos cuyo origen leonés se reduce a la imprenta en la que se publicaron. Pero es que, además, también los hay que son deudores de León debido a la procedencia leonesa del ciego o escritor del romance, mientras que un tercer caso es el que se refiere propiamente a sucesos de la provincia. Los pliegos fueron impresos en establecimientos tipográficos de toda España —en León, los principales fueron la Imprenta Saturnino, Nicolás López, Gráficas Leonesas, El Cid, La comercial o Fidalgo— y distribuidos acá y allá por ciegos cantores, vendedores callejeros y buhoneros. Uno de los más antiguos —principios del siglo XVIII— se refiere a León y cuenta la historia de un milagro ocurrido en Mansilla. Se titula El labrador del Reino y cuenta la historia de un agricultor que en el ejercicio de la usura fue quedándose con todas las tierras del pueblo. La historia, ejemplarizante, sigue con la llegada de unos misioneros que comienzan a rehabilitar al viejo labrador. Una noche llega un pobre a su puerta al que éste asiste dándole cama y sustento. A la mañana siguiente, el pobre aparece convertido en una estatua de Jesús, mientras que el viejo labrador muere de manera beatífica. También leonés era Molledo de la Pinta, que escribía romances por encargo o, simplemente, por necesidad creadora. Uno de los pliegos más famosos —obra de Rafael Rebaque— nos habla, por ejemplo, del accidente que tuvo lugar en Pola de Gordón cuando un tren arrolló un autobús el 1 de junio de 1934 ocasionando varios muertos y heridos. Famoso también es el que narra el asesinato de Antonio Cánovas del Castillo (Hoy llora España afligida / el horrible asesinato, / cometido en la persona / de un hombre ilustre y preclaro) y que se imprimió en Astorga.

Subraya Joaquín Díaz que los ciegos se organizaron en hermandades y cofradías —casi de manera mafiosa— desde la Edad Media. Para ello, pedían el privilegio real con el fin de que no se les considerara vagabundos y poder con ello desplazarse más allá de seis leguas de su lugar de residencia. «Su objetivo es poder convertirse en comerciantes, para lo que necesitaban cubrir grandes recorridos», destaca el historiador. Díaz explica que había un negocio muy importante montado alrededor de los pliegos de cordel, hasta el punto de que los mayordomos de estas hermandades eran los que establecían qué lugares debía ocupar cada ciego.

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Otro de los detalles que precisa Joaquín Díaz es el hecho de que la mayoría de las historias atendían a sucesos locales pero eran referentes globales, con lo que el público pudiera reconocerse en ellos. Además, una característica curiosa es que los ciegos trataban de dividir las historias en dos o tres partes con el objetivo de que la curiosidad provocara entre la audiencia la necesidad de regresar para escuchar como terminaba el romance. «Eran auténticos profesionales de la publicidad. Sabían qué decir, dónde hablar, cómo llamar la atención de la gente y cómo camelarla. Fueron grandísimos profesionales de la comunicación».