Diario de León

«Si Elvis viviera hoy no seguiría con el rock, se habría reinventado»

Javier Arias y José Juan Mencía recorren mañana en La Bañeza la trayectoria del ‘rey’ .

Dos de los mejores artistas-tributo a Elvis Presley en León y en España: Javier Arias y Mencis Elvis.

Dos de los mejores artistas-tributo a Elvis Presley en León y en España: Javier Arias y Mencis Elvis.

Publicado por
e. gancedo | león
León

Creado:

Actualizado:

«Pues mira, a este amigo mío también le gusta Elvis», le dijeron un día de hace ya 17 años a José Juan Mencía en el bar Honoris Causa. Éste miró a Javier Arias con detenimiento y le preguntó: «¿Ah, sí? A ver, ¿con qué canciones empezaba y terminaba Elvis sus conciertos en los años setenta? Y desde su altura magnífica y con esa voz tan calmada como poderosa, Arias no lo dudó: «La primera, C.C. Ryder, y la última, Can’t Help Falling in Love ». «Bueno, entonces se puede empezar hablar con él», debió de pensar el cantante nacido en La Pola de Gordón.

Desde entonces, la amistad entre estos dos leoneses ha corrido pareja a sus éxitos al frente de un espectáculo desplegado en muchos escenarios, siempre practicando un tributo «serio y muy trabajado», como apunta Arias, al mundialmente aclamado ‘rey del rock’. Una de sus citas ya tradicionales es el concierto que, coincidiendo con las fiestas de La Bañeza, viene organizando el bar Elvis y que mañana regresa a las 23.30 horas en la plaza Escultor Rivera, pero esta vez con una concepción diferente. «Vamos a hacer un repaso por toda la trayectoria de Elvis Presley, es decir, con las canciones más representativas de cada una de sus épocas», explica Arias. Y precisa José Juan Mencía, de nombre artístico Mencis Elvis, que durante el espectáculo entonarán 17 canciones cada uno y que éste incluye cuatro cambios de vestuario con réplicas exactas de la tan personal y cromática indumentaria que llevaba el artista de inmortal memoria nacido en Tupelo.

Y este esfuerzo renovado se debe, en gran parte, a la sorprendente coincidencia de efemérides que tiene lugar este año: además del 35 aniversario de la muerte de Presley, que se celebra mañana, hace una década que Javier Arias ganó el certamen europeo de artistas-tributo a Elvis. También son 25 años de la apertura del local homónimo de La Bañeza y 15 del primer concierto que ofrecieron juntos —fue en el bar El Quijote de Ponferrada— Arias y Macías («antes éramos ‘viejos camaradas’, ahora somos ‘camaradas viejos’», ríe el primero). Y es que asistir a una charla distendida entre estos dos monstruos escénicos es acceder a dos enciclopédicos pozos de saber sobre un creador «paradójico —resume Macías—, porque es inimitable pero a la vez es el más imitado de la historia, con decenas de miles de artistas-tributo que llegan a estudiar cada mínimo gesto, cada exacta flexión de voz. ¡Los hay que hasta se visten como él en su vida diaria, hasta para ir a comprar el pan!». Existe, pues, toda una industria de Elvis Presley, desde empresas que fabrican a medida trajes como los que llevaba él hasta muchos artistas, completamente profesionalizados, que viven —y bien— de imitarlo». Un gran respeto y admiración por estos músicos que se da en Estados Unidos y resto de Europa pero no en nuestro país: «Desgraciadamente, España está aún a años luz en este sentido», lamenta Arias.

Entonces, ¿qué tenía Elvis que su legado jamás pasará de moda? «Su voz posee algo que te emociona y te remueve por dentro», opina Javier Arias. «Era un artista total, nada cuadriculado. Si viviera hoy, no seguiría con el rock, se habría reinventado, adaptado a las nuevas tendencias. Como una esponja, todo lo absorbía y lo hacía suyo —comenta Macías, finalista en el último certamen del Spanish Elvis —, daba igual si eran temas gospel o canciones de Neil Diamond o los Beatles». Sea como fuere, ambos están de acuerdo en que la mayoría de la gente tiene una imagen «estereotipada» del ‘rey del rock’, con la recurrente aura de las drogas sobrevolando su fallecimiento.

Trabajador incansable, puntilloso hasta el extremo, los estimulantes —para permanecer despierto, pues la voz está de noche en su mejor momento—, los somníferos —para dormir al día siguiente— y los tranquilizantes —para enfrentar los conciertos, todo ello recetado por el médico— respondían, como cuenta Javier Arias, a un único propósito: «El trabajo». «De 1970 a 1977, por ejemplo, ofrecía dos conciertos al día», ejemplifica. «Cultivó su técnica vocal hasta alcanzar un límite casi lírico, practicaba Kenpo Kárate cada día y casi hasta el último momento mantenía una buena forma física», continúa.

A la pregunta de con qué Elvis se quedarían, Macis opta por el de los años setenta, «es el más auténtico, hacía lo que quería, no tenía ataduras, lo mismo cantaba sobre el escenario O Sole Mío que leía una poesía». «Yo me quedo con el del 68, en el Comeback Special irradiaba luz, estaba en su momento álgido», prefiere Arias, quien resume así la importancia, el significado de Elvis: «Es un vértice geodésico, para muchos está al nivel de, digamos, Bach, porque a partir de él cambiaron muchas cosas, sin ir más lejos el concepto de multitudinarios conciertos en directo. Antes eso no existía».

tracking