El invento del maligno
Bebés
Era inevitable que un episodio tan oscuro de la historia reciente de España como el del robo de bebés a sus madres en el paritorio tuviera su versión dramatizada. No hay más que observar las caras de las gestantes esperando turno para revisión en la unidad de ginecología de cualquier hospital para intuir que estos hechos, de los que aún aparecen nuevos testimonios mientras sigue en marcha la investigación judicial, son capaces de llegar muy adentro en el corazón del espectador.
Más difícil era acertar con el punto de cocción para que el guiso del espectáculo no derivara en puro efectismo; para que, en tanto que producto televisivo, el diapasón de la intriga marcase el ritmo de la composición, sin olvidar la parte más humana de la historia, la que narra el dolor de familias destrozadas por un tráfico criminal de personas participado por todopoderosos médicos y religiosas muy poco bienaventuradas.
Historias robadas , la miniserie producida por BocaBoca que el miércoles estrenó Antena 3, acierta de pleno en su adaptación de los hechos gracias a un esmerado trabajo en todos los frentes. Se ajusta con rigor a los acontecimientos, allá donde los testimonios de personas reales han dejado un relato veraz.
Llena con credibilidad los huecos en los que la trama obliga a trazar un perfil psicológico de los protagonistas mediante sus diálogos y resuelve con maestría cada situación. En este sentido, la escena inicial del parto se sitúa entre lo mejor que se ha hecho últimamente en España para la pequeña pantalla.
Y qué actores. Maestros como Miguel Rellán, Mercedes Samprieto y Julieta Serrano, y caras nuevas como Lara Grube, que rescata del armario esa abogada suya de la décima temporada de El comisario . Pero, por encima de todos, Rodolfo Gracia, al que sus dos personajes obligan a aparecer en casi todas las escenas del drama y desplegar con éxito gran variedad de registros, desde el chico de barrio, chuleta y canalla —donde toma prestada la media sonrisa de su padre en Curro Jiménez —, hasta el niño bien que ha vivido engañado desde su nacimiento.