Diario de León
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El invento del maligno josé maría cillero

Banderas de nuestros tróspidos. Los borrachos y los niños nunca mienten, según un aforismo tan celebrado como carente de rigor. A lo peor, también las aspirantes a novias en ¿Quién quiere casarse con mi hijo? dicen siempre la verdad y una de ellas, que pugna por ganarse el corazón de Javi, el escupefuegos al que le depila el pompis su mamá, se la ha liado parda al Partido Popular por un quítame allá esa bandera. Estos son los hechos. Esa madre que se hace con las llaves del apartamento -Marbella, primera línea de playa, lujo- «para saber cómo vive» una de las candidatas a nuera. ¿Qué se encuentra? En rigor nada. Cualquiera se encuentra algo en ese revoltijo de zapatos desparejados, vitrocerámicas costrosas, sábanas retorcidas, blusas del revés y... la bandera del PP. «Uuuuuhhhhh, del PP. Yo del PP, pa’ mi niño no la quiero», tuerce el gesto Isabel, la mama (léase sin acento, es el programa de los tróspidos en Cuatro).

A continuación, se explica en pantalla Raquel, la rubia dueña del piso, del caos y del estandarte azul. «Sí, soy del PP. Me voy a meter porque quiero un buen puesto de trabajo en el Ayuntamiento de Marbella el día de mañana. Es una de mis salidas. Otra, trabajar en un zoo». Anda que, vaya favor que le hace la muchacha al partido de sus amores.

Con la que está cayendo, con el prestigio de la clase política por los suelos y la indignación por las intenciones ocultas de muchos de los que ingresan en política. Tanto medir las entrevistas de Ana Pastor en los Desayunos y mira tú por dónde, a la que había que cargarse es a Luján Argüelles.

Menos mal que el tono general del programa y la acumulación de acontecimientos delirantes no da tregua al telespectador, que pronto se olvida de la señera popular y se queda clavado al sofá por la penúltima procacidad de la sexagenaria madre del concursante gay, «no la tiene tan larga, no le asoma por debajo», y pasmado de todo pasmo con esos temores que humanizan hasta el pavor a Isidoro, el Neng de Almansa. «Yo es que tengo miedo de enamorarme de las tres». Ay, Señor, llévame pronto.

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