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León

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Crítica de televisión yolanda veiga

Nos hizo trasnochar el otro día Adela Úcar con su último reportaje sobre los problemas de sueño. Y lo del trasnoche no es una gracieta, es que lo pusieron de madrugada, en otro ejemplo de esa inexplicable política de Cuatro de condenar ciertos programas más allá de las doce de la noche. Adela convivió durante tres semanas con una mujer que sufría de piernas inquietas, una joven madre con narcolepsia y una chica que con insomnio desde los diez años. El tema en sí no tiene novedad y lo han tratado ya antes en Comando actualidad y en muchos reportajes.

El plus de 21 días es que te muestra el problema desde otra óptica y que la reportera, además de transmisora, es emisora. Los primeros planos sin maquillaje y cara de sueño y esas reflexiones a solas con la camarita que hace Adela son el principal atractivo de un programa que lejos de acusar desgaste demuestra plena forma.

En su regreso del jueves, 21 días congregó a un millón de espectadores y alcanzó un meritorio 11% de share . Las cifras deberían hacer pensar a los responsables de Cuatro en que eso mismo, dos horas antes, igual hacía el doble o más. Adela parece condenada a la madrugada porque no es Tania Llasera. A ella sí le han dado un hueco en el prime time , aunque eso es pan para hoy y hambre para mañana. El jueves le encomendaron entrevistar a Sharay, la hija de Abellán, ya saben la concursante de La Voz a la que acusaron de amenazar a Bisbal, aunque realmente no le amenazó y todo fue un invento para que Telecinco haga audiencia y caja. Se quejaba Sharay de que las imágenes aclarando la ‘no polémica’ habían tardado una semana en salir. Infeliz... ‘Quiero que sepas que en La Voz lo importante es la voz, que en esta casa solo se habla de tu voz’, le decía Tania Llasera. Y a ella sí le tenía que haber dicho Sharay dos palabritas: «¿Me estás vacilando o qué?»

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