Un balón en la Torre de Babel

Palencia acoge a 35 jóvenes de 12 a 19 años de distintas nacionalidades en un programa pionero para impulsar el estudio del español ligado al fútbol.

Algunos de los jóvenes que participan en el programa para aprender español.

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analía fernández | palencia
León

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Darío es un joven tímido y ordenado. A sus 18 años tiene muy claro lo que quiere y sabe que su futuro debe estar ligado de una manera u otra al fútbol. Procede de Corea del Sur, por lo que su nombre sorprende a quienes no le conocen. En realidad se llama Woowon Jeong, pero cuando llegó a España, hace ya más de un año, decidió elegir el nombre español que más le gustó.

Por ello, Jong Mu Choi, de 16 años y natural también de Corea del Sur, decidió llamarse Pepe, uno de los nombres españoles por excelencia. Pepe llegó a Palencia hace un año y medio y, al igual que Darío, asegura que quiere quedarse en España «para siempre». «Creo que aquí tengo más posibilidades desde el punto de vista futbolístico», asegura. «Quería aprender español y jugar al fútbol y aquí puedo hacerlo», añade su compañero en un castellano casi perfecto.

Darío y Pepe son dos de los 35 jóvenes extranjeros que participan en un programa pionero impulsado por la Fundación Estudio, Turismo y Deporte que preside el palentino Juan Carlos Revilla y cuyo objetivo es potenciar el estudio del español en Palencia con el deporte, el fútbol en concreto, como eje central. «En otras zonas de España se potencia el aprendizaje de español ligado a los estudios universitarios, pero éramos conscientes de que en una ciudad como la nuestra es una opción muy difícil por la gran competencia que existe y por ello decidimos trabajar en un sector, el del fútbol y para jóvenes estudiantes, con una demanda importante y que no está explotado en la actualidad», subraya Revilla.

En el colegio de los Barnabitas de la capital palentina conviven los 35 chicos, de entre 12 y 19 años, procedentes de lugares muy dispares. Coreanos, israelíes, mejicanos y rusos conviven en perfecta armonía gracias a una experiencia que les da la posibilidad de aprender al tiempo que hacen lo que más les gusta. Todos estudian en distintos centros de la ciudad y juegan en otros tantos equipos de fútbol de la capital y la provincia, pero una vez en el centro son casi como una familia. «Aquí son todos muy amigables y creo que no vamos a tener ningún problema», explica Mauricio Pérez, un mejicano de 16 años que lleva en Palencia apenas un mes.

Mauricio juega al fútbol desde los cinco años y vio en este proyecto «una gran oportunidad» para cumplir su «sueño». «Para mí, el simple hecho de estar aquí ya es un motivo de gran felicidad», asegura, si bien no todo son ventajas: «Venir de Méjico a Palencia significa tener que sufrir con el frío», bromea el joven deportista. Estará en la ciudad un año, pero su intención es quedarse aquí, «o al menos poder volver».

Y es que «España es el mejor país para ver y hacer fútbol», asegura Iurii Kruchinin, de 16 años y procedente de San Petersburgo (Rusia). Lleva aquí algo más de un año y, aunque le molesta no poder tener un nombre español como sus compañeros coreanos y asume algunos problemas con el vocabulario en algunas asignaturas que le resultan «un poco difíciles», está encantado con la experiencia. «Juego al fútbol desde los ocho años y la verdad es que en el deporte el idioma no es un problema», apunta. Ni en el deporte ni en la convivencia, pues la gran mayoría de los chicos son capaces de expresarse y mantener una conversación fluida, incluso los más novatos. Yousef Maklade, de 14 años y natural de Israel, se relaciona sin problemas con sus compañeros en español e incluso bromea con ellos y sus monitores pese a que tan sólo lleva un mes en la capital palentina.

Control y seguimiento

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De mantener el orden en el pequeño caos que en ocasiones pueden provocar más de una treintena de adolescentes se encargan cuatro monitores –dos coreanos y dos españoles- que ejercen como tutores escolares, entrenador de fútbol o responsables de convivencia en la residencia donde viven. «Hay que hacer un seguimiento como harían sus padres en aspectos como por ejemplo el escolar, para comprobar que van bien en los estudios, o en cuestión de salud, por ello tenemos un médico propio y además un convenio con un hospital para atender los problemas que puedan surgir», explica Revilla. Heenam Hwang es uno de los responsables de guardar el orden en la residencia. Tras casi cinco años como monitor de los distintos jóvenes que en los últimos años han pasado por Palencia, asegura sentirse «muy cómodo y muy contento» en esta etapa de su vida, tanto en la relación que mantiene con el club de fútbol como con los chavales. Está plenamente volcado con los jóvenes deportistas. «Yo también quiero aprender muchas cosas además del idioma. Los chicos vienen aquí a aprender pero yo también aprendo mucho con todos ellos».