Hernán Migoya. escritor
«‘Nuevas hazañas bélicas’ es la versión ‘pulp’ de los ‘Episodios Nacionales’»
Acaba de aparecer un nuevo número de ‘Nuevas hazañas bélicas’, la revista con la que un grupo de ilustradores capitaneados por el Tarantino español, Hernán Migoya, recrean los tebeos bélicos que Bpixcar realizó a mediados del pasado siglo. En esta nueva entrega, el escritor leonés se hace acompañar por Miguel Ángel Martín en una historia en la que devuelven a la vida a Alfredo Mayo y, a Franco, por supuesto.
Hernán Migoya. Abajo, portada del cómic, de David Acuña y viñetas, de M.A. Martín.
—¿Qué es ‘Nuevas hazañas bélicas’?
— Nuevas hazañas bélicas es el reboot (como dicen ahora los estadounidenses) de la mítica colección de tebeos españoles Hazañas Bélicas. Es una nueva versión de historias de guerra que he creado con el objetivo primordial de entretener: pero en la actualidad, al contrario de sus creadores originales, que al realizarlas en pleno franquismo tuvieron que situar todas las historias en el marco de la II Guerra Mundial con protagonistas extranjeros, yo la he situado en plena Guerra Civil, con protagonistas de ambos bandos en liza, cada uno con su línea propia: la Serie Roja y la Serie Azul, contando para ello con los mejores dibujantes del cómic español actual. Cada mes aparecen dos episodios autoconclusivos dibujados por un artista distinto, aunque todas las portadas son obra del dibujante Daniel Acuña, responsable actual en Estados Unidos de los cómics Marvel de Los Vengadores . Nuevas Hazañas Bélicas es la única colección actual de cómic mensual que se hace en España para el público español: digamos que son como los Episodios Nacionales de Galdós en clave pulp .
—Este mes celebrán los 70 años de ‘Raza’, la película escrita por Franco.
—Sí. Nuestra secuela se titula Raza 2: El último almogávar , y la he llevado a cabo con la complicidad del dibujante leonés Miguel Ángel Martín quien, por cierto, ha hecho uno de sus mejores trabajos, un prodigio de plasticidad e irónica expresividad. Nuestra Raza es, claro está, mucho más paródica y desmitificadora que la original, y hasta convertimos a Franco en coprotagonista en plan Rambo español. «¡Esta vez es personal!».
—¿Cómo se mete uno en la piel de Franco? ¿Y en la de Alfredo Mayo?
—Uno se mete en la piel de Franco intentando meterse antes en la de todas las personas que mató, directa o indirectamente. Pero al contrario que la mayoría de escritores o intelectuales, yo no considero a Franco un personaje mediocre: o en todo caso no más mediocre que el país que sometió durante treinta y seis años. Al fin y al cabo, Franco es un producto «made in Spain». En Raza 2 convertimos a Franco en un falso héroe de película épica, pero al final su socarronería gallega es la que le acaba salvando. Como le salvó probablemente en la vida real, al permitirle tomar distancia del nazismo. En cuanto a Alfredo Mayo, siempre he guardado un recuerdo cariñoso de su presencia escénica, sobre todo en su vejez, cuando hizo de tío Paloma en la versión televisiva de Cañas y barro , donde estaba espléndido. Ahora a Mayo lo tenemos completamente olvidado, supongo que porque fue el actor franquista por excelencia.
—¿Se puede superar la calidad literaria de Jaime de Andrade?
—¡Eso resulta imposible! De hecho, las frases más increíbles de Raza 2 están extraídas directamente de la película, porque oídas hoy resultan descacharrantes… como cuando Mayo exclama con chulería tras sobrevivir a su fusilamiento: «¡Para matarme a mí, hacen falta máquinas especiales!». Dicho esto, hay que reconocer que Raza no es tan mala como dicen, e incluso contiene alguna secuencia excelente. Lo malo del cine español es que las únicas películas épicas que existen, a lo El Álamo, Murieron con las botas puestas o Los siete magníficos , son franquistas: por eso nadie se atreve a reivindicarlas. Hay que tomar distancia y juzgar las obras estéticamente, no ideológicamente: o, al menos, saber separar ambos planos. En España resulta casi imposible, porque siempre le estamos buscando las cosquillas ideológicas a todo Quisque. Por eso no tenemos obras épicas, con la excepción de las de Arturo Pérez Reverte, un oasis en nuestra cultura actual.
—¿Cuáles serían hoy las empresas heroicas de José Churruca y Acuña?
—Hombre, está claro que saldría pitando a Barcelona a matar catalanes, cosa que no parece tan alejada de lo que a algunos militares de nuestros días les gustaría hacer.
—¿Quiénes son los malos en esta entrega?
—Lo divertido de dividir las Nuevas Hazañas Bélicas en una Serie Roja y otra Serie Azul, es que podemos hacer que los «buenos» en una historia sean Azaña, Indalecio Prieto o Julián Besteiro y en la otra, Franco, José Antonio o Millán Astray. En Raza 2 , que se desarrolla unos años después de Raza, o sea en plena II Guerra Mundial, los «malos» son, por una vez, los americanos, que con la ayuda de un científico ex nazi inoculan un virus en el Generalísimo para que se vuelva más humano y deje de apoyar a Hitler. La escena más divertida es cuando Alfredo Mayo, Franco y Millán Astray entran en la embajada estadounidense a tiro limpio, en plan Los Mercenarios de Stallone, a buscar responsabilidades: Miguel Ángel y yo nos hemos divertido mucho haciendo que Mayo golpee con la pistola a Ernest Hemingway, quien estaba de whiskies con el embajador y acababa de dirigirle insinuaciones sexuales a nuestro protagonista, al grito de: «¡Quita p’allá, que yo no soy Gary Cooper!».
—¿Qué escribiría Jaime de Andrade 70 años después?
—Yo creo que escribiría Amanecer Rojigualda , la historia de la reconquista de Gibraltar a manos de un puñado de valientes españoles que acaban masacrando a toda la población gibraltareña por no querer ser salvada.
—¿Cambian los buenos en la Segunda Guerra Mundial?
—La Historia siempre la escriben los vencedores. Ni todos los rojos fueron asesinos de curas, como se decía infamemente en la España franquista, ni todos fueron luchadores por la democracia, como se dice ahora. Siempre me ha gustado cambiar los roles habituales de «héroe» y «antihéroe», porque toda guerra es brutal, y cuando se toma la opción de la violencia, la irracionalidad puede con las buenas intenciones: en eso soy muy azañista, sin hache. Mis «héroes» de verdad son los que saben alejarse de cualquier ideología que cosifique al contrario y justifique su eliminación, los que ven la persona bajo el vestido de la ideología.