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josé maría cillero
León

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Ha sido afrontar su recta final y a La Voz se le está poniendo una cara de Operación Triunfo que no se la salta un flamenquito de esos que la monstrua de Rosario siempre tiene en la punta de la lengua. Los coaches - que se han quedado sin asesores, como el portal se quedó sin buey-, haciendo de jurado; los favoritos de los televidentes, elegidos mediante llamadas y SMS (menos modernos que Whatsapp o Twitter, pero más lucrativos); el anuncio de gira de los finalistas; los concursantes, llorando; el público, mutado en club de fans, gritando; que sí, que no... que salga Risto, por favor. Que salga el publicista borde con gafas ahumadas para completar el cambio del paisaje, porque al ir quemando etapas, este programa creado por el holandés John Mol se va pareciendo demasiado al otro programa creado por el holandés John de Mol.

La Voz ha perdido esa originalidad de los cástings a ciegas con sillas giratorias. Se ha quedado en el camino parte de su virginal inocencia, erosionada por los líos de Sharay Abellán, reina del mal perder, y de Ruimán, príncipe de la paranoia victimista, y por las sospechas de trato de favor de Rosario hacia Emmanuel -qué estilismo el suyo, calcadito a Tim Burton- o de Malú hacia Héctor, acalladas unas y otras con la eliminación de ambos.

Y aunque sigue yendo como un tiro y no hay quien le tosa en los ránkings de audiencia, el fenómeno televisivo de la temporada da muestras de fatiga y de cierta tensión contenida, cuando no de crispación evidente, como cuando Jesús Vázquez, que se pasó la noche homenajeando a Boris Izaguirre a base de berridos, recordó a los concursantes que «aquí podéis decir lo que queráis», aunque lo que queráis decir, como en el caso de Ruimán, sea una solemne tontería. O cuando Bisbal casi se desmontó pieza a pieza tratando de explicar las razones de su elección de semifinalistas.

Claro que también han cambiado los aspirantes, que ahora aceptan con deportiva y solidaria alegría el triunfo ajeno y el fracaso propio, no vaya a ser que con tanta melodía y tanta entonación a La Voz acaben sacándole cantares.

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