Blancanieves cumple 75 sin arrugas
Fue el primer largometraje de Walt Disney y un éxito de taquilla.
«Había una vez una niña muy bonita, una pequeña princesa que tenía un cutis blanco como la nieve, labios y mejillas rojos como la sangre y cabellos negros como el azabache. Su nombre era Blancanieves. A medida que crecía la princesa, su belleza aumentaba día tras día hasta que su madrastra, la reina, se puso muy celosa. Llegó un día en que la malvada madrastra no pudo tolerar más su presencia y ordenó a un cazador que la llevara al bosque y la matara. Como ella era tan joven y bella, el cazador se apiadó de la niña y le aconsejó que buscara un escondite en el bosque». Así comienza la historia de Blancanieves , uno de los cuentos más conocidos en todo el mundo cuya versión más popular debe su autoría a los hermanos Grimm y que tal día como hoy, hace 75 años, tuvo su puesta de largo cinematográfica en Los Ángeles gracias al mayor genio que ha dado el campo de la animación, Walt Disney
El productor, director y animador estadounidense que, andando el tiempo, dotaría de nueva vida a personajes clave de la cultura universal como Pinocho, Cenicienta, la Bella Durmiente o Peter Pan, había acunado ya a Oswald el conejo afortunado y a Mickey Mouse, protagonistas de una serie de cortometrajes que constituirían los cimientos de su futuro imperio
Pero no tardó en darse cuenta de que el formato constreñía sus posibilidades. La trama era, necesariamente, demasiado simple, y los personajes no podían desarrollarse como a él le gustaría. Por si estos no eran motivos suficientes, los ingresos obtenidos con ellos eran magros. Era necesario ir más allá
Fue así como Walt Disney se embarcó en lo que en su tiempo fue calificado de auténtica «locura». Reuniendo fondos personales y de sus estudios, prepararó su primer largometraje de animación, para el que, creía precisar unos 250.000 dólares (al final costó casi un millón y medio), además de reclutar a 300 personas.