Tras los paisajes de Lorca

El leonés Javier Rueda expone su obra en el colegio de Arquitectos.

El artista leonés Javier Rueda junto a una de las obras de la exposición.

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marcelino cuevas | león
León

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Decíamos cuando Javier Rueda hacía su anterior exposición en León que se trata de «un gran pintor con casi medio siglo de importante trayectoria a sus espaldas, y que actualmente, en su tierra, es casi un desconocido. Hablábamos de las virtudes de este leonés que reside desde hace mucho tiempo en el Levante español. Extraordinario dibujante y gran pintor, Javier Rueda es un enamorado del paisaje del que consigue extraer todo su con tenido poético.

Vuelve Javier Rueda a León y se abren parta él las puertas de una sala de exposiciones que ha estado a la cabeza de las galerías leonesas, la del Colegio de Arquitectos, y que también ha sufrido los embates de la crisis y solamente enciende sus luminarias en contadas ocasiones.

El artista es persona inquieta que viaja por el mundo en busca de nuevos rincones, de escenarios diferentes para retratar en sus cuadros. En los últimos tiempos, ha vuelto con insistencia Granada, a los paisajes de Federico García Lorca o Ángel Ganivet, al universo de las leyendas mágicas de Washington Irving, el neoyorquino que penetró como nadie en los misterios granadinos. «Tengo el vicio de volver continuamente a Granada -dice el artista- el pintar Granada es un dolor de todo artista. Porque Granada tiene un enorme influjo al que quien la vive tiene que sucumbir inexorablemente. Yo, como leonés que soy, he pintado la Catedral más veces que nadie, pero reconozco que la exuberancia de Granada me tiene hipnotizado».

El retrato que Rueda hace de la ciudad andaluza tiene dos ingredientes principales, la poderosa naturaleza y los reflejos de las piedras de sus monumentos y de sus rincones. «Granada tiene dos cromatismos, el verde de su vegetación y el color tierra de sus monumentos. Es un mundo peculiar en el que aún con los campos cubiertos de nieve, hay naranjas. Y a fondo, las montañas de Sierra Nevada, de las que decía Lorca: ‘Hay nubes por Parapanda, lloverá aunque Dios no quiera’».

El espíritu de Granada

Las referencias a Lorca son inevitables parta cualquier alma sensible que visite Granada. «Yo soy un enamorado de los poetas y pienso que el que lea a Lorca y lea a Ganivet no necesita más para conocer el espíritu de Granada. Y que bueno que sean una referencia que ha quedado en la memoria colectiva para siempre».

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El flamenco, las melodías perdidas del su pasado árabe, las fuentes rumorosas, el río turbulento de su historia… nada de esto figura explícitamente en los lienzos de Javier Rueda, pero no hay duda de que también está en ellos. Quizá sus precisas pinceladas necesiten un fondo sonoro para completar el milagro, pero eso es algo que el pintor deja a la imaginación del espectador. «Hay que vivir el misterio de la Alhambra, disfrutar de los distintos planos de los alrededores de la ciudad, la vegetación en el primero, en el segundo la sugerencia de los antiguos monumentos y como telón de fondo la magnífica presencia de las cumbres nevadas. Viendo esto recibes unas impresiones únicas, las mismas que he intentado reflejar en estos cuadros. Javier Rueda pinta, en Granada también, desde emotivos bodegones en los que las flores son como versos que brillan en la penumbra de una habitación misteriosa, hasta sus sugerentes paisajes en los que las hojas de los árboles, tiemblan en la bruma. Javier Rueda se recuerda pintor desde siempre. «Recuerdo con mucho cariño mi primera exposición en la sala que entonces tenía la Diputación en el Palacio de los Guzmanes, corría el año de 1963, yo tenía dieciséis años. Creo que la pintura es mi combustible para mantenerme vivo».