Diario de León

Posadas novela la historia del último testigo del asesinato de los zares

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antonio paniagua | madrid
León

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Hubo un momento durante revolución soviética en que las jerarquías se atenuaron y los miembros de la familia imperial rusa se acercaron a sus criados. En este contexto no fue extraño que las grandes duquesas se enamoraran de plebeyos y la servidumbre mirara con devoción a sus señores. Esta quiebra de las barreras sociales inspira la última novela de Carmen Posadas, El testigo invisible (Planeta), una historia que muestra cómo la dinastía de los Romanov se encaminó a la muerte. «No me invento nada. Cuando empezaron a convivir todos en la misma casa se produjo un naufragio, se difuminaron las jerarquías y se creó una relación más cercana entre los criados y los amos», dice la escritora. El testigo invisible cuenta la historia de Leonid Sedned, un niño que pasa a formar parte de las huestes de los deshollinadores de palacio, un cuerpo integrado generalmente por niños que, por su escasa corpulencia, podían moverse con mayor holgura entre las tuberías. Como criado que pasa desapercibido por sus señores, Sedned es testigo privilegiado de las conversaciones y escenas de la familia imperial. Siente más que devoción por las grandes duquesas, especialmente por María, a quien ama hasta su muerte. «Los señores hablan y dicen cosas de los criados como si ellos no estuvieran. Siempre ha sido así», aduce la escritora.

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